Conductores en todo el país pasan la noche en las estaciones de servicio debido a trámites burocráticos y controles excesivos implantados por la estatal petrolera, que ralentizan la distribución del carburante.
La parálisis en los surtidores responde a un freno interno en la logística de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Tras los recientes escándalos por carburantes de mala calidad, el personal de la estatal activó un paquete de revisiones extremas antes de autorizar el desembarque del producto, lo que estrangula el flujo normal hacia el consumidor final.
El exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, confirmó que la raíz del problema actual no es solo la escasez física, sino el freno administrativo en la cadena de despacho. “La gente en YPFB está asustada, hay exceso de regulación (…) falta de combustibles, se torna más crónica”, advirtió la exautoridad, al explicar que el temor a procesar cargamentos defectuosos mantiene los camiones cisterna parados en las plantas de almacenaje.
El diagnóstico del especialista apunta a una crisis estructural insostenible que sobrepasa la actual coyuntura de las calles. Según Ríos, la corporación pública arrastra un déficit financiero crítico combinado con una burocracia desmedida que impide una reacción eficiente. “YPFB es una b0mb4 de tiempo, va a continuar desabasteciendo al país”, disparó, argumentando que la firma estatal “no funciona, fue saqueada (…) hay que hacer una restructuración profunda”.
El panorama empeorará si el Estado no cede el monopolio de las compras externas. Ríos alertó que el país perderá la autosuficiencia en otros hidrocarburos clave a muy corto plazo debido a la falta de inversión y al declive de los campos locales. “Ahora GLP, 2029, tendremos que importar gas natural (…) va a venir, no hay otra”, sentenció, delineando un escenario donde la dependencia externa se trasladará pronto a los hogares.


