El nuevo comandante general Mirko Sokol Sarabia asumió advirtiendo que ningún uniformado volverá a lucrar del uniforme. Promete intervenir sin contemplaciones cada acto de corrupción interna.
El general Mirko Sokol Sarabia irrumpió con dureza en su primer día como jefe máximo de la Policía Boliviana. Su mensaje fue un golpe directo al corazón de las viejas prácticas policiales que se replicaron durante décadas. Si algún efectivo vuelve a pedir dinero a un ciudadano o a un colega, aunque sea un solo centavo, enfrentará consecuencias inmediatas. Esa fue la advertencia que dejó en claro frente a autoridades del Estado y a la propia institución a la que busca transformar.
El acto de posesión se llevó a cabo en el Palacio Quemado y estuvo presidido por el presidente Rodrigo Paz, quien aseguró que su administración exigirá resultados y respaldará una reforma policial profunda. Paz calificó la tarea de Sokol como un punto de quiebre para recuperar la credibilidad pública y la relación entre la Policía y la ciudadanía, deteriorada por múltiples escándalos en los últimos años.
Sokol no suavizó su diagnóstico. La corrupción interna, según dijo, creció al punto de contaminar procedimientos básicos y convertir funciones legítimas en oportunidades de cobro ilegal. El comandante anunció que la protección entre camaradas ya no blindará a nadie. “Los intereses personales se acaban. Intervendremos donde sea necesario, sin importar el rango”, advirtió.
La ausencia del vicepresidente Edmand Lara causó murmullos. Aunque informó sobre una urgencia familiar, su historia personal con la Policía sigue marcando distancia con el Alto Mando. Lara fue dado de baja tras denunciar a jerarcas y utilizó esa experiencia para impulsar su carrera política. Ahora ocupa una de las más altas funciones del país desde donde promete combatir la corrupción que lo persiguió cuando vestía uniforme.
Sokol adelantó que su reestructuración se ejecutará en tres tiempos claros y contundentes. Primero, la erradicación de la extorsión policial, una práctica que según él se normalizó desde retenes hasta trámites administrativos. Su prohibición no será solo discurso: aseguró que los controles serán permanentes y que cualquier denuncia ciudadana será atendida con prioridad.
El segundo frente se enfoca en cortar la relación entre crimen organizado y policías que operan como sus cómplices. El jefe policial afirmó que se hará cumplir cada orden de aprehensión sin excusas ni excepciones. Quien se escude en conexiones políticas o económicas para eludir la ley tendrá que enfrentar una institución que, bajo su mando, no tolerará beneficios ilegales. Los clanes criminales, advirtió, dejarán de ver a la Policía como aliada.
La tercera acción central es la depuración en los ascensos. Sokol anunció cambios normativos para que la carrera profesional se base en méritos reales, especialización y eficiencia. La manipulación política de ascensos y destinos será perseguida internamente como un acto más de corrupción estructural.
