El compromiso con la alimentación digna de los adultos mayores en San Ignacio de Moxos se evidencia en acciones concretas: el municipio garantiza mensualmente víveres para el Comedor “Virgen de Loreto”, asegurando almuerzos diarios sin interrupciones.
El Gobierno Autónomo Municipal de San Ignacio de Moxos (GAM-SIM), mediante su Dirección Municipal de Cultura y Turismo, concretó la entrega de la dotación de diciembre destinada al Comedor de Ancianos “Virgen de Loreto”. Esta provisión anticipada busca impedir cualquier falta de alimentos para quienes dependen cada mediodía de este servicio solidario que ofrece el municipio.
La directora de Cultura y Turismo, Vanessa Guataica, fue la encargada de realizar la entrega y expresar el sentido de responsabilidad que mueve estas acciones. Indicó que el alcalde Juan Carlos Abularach sostuvo, desde el inicio de su gestión, que una ciudad que respeta su identidad también debe proteger a quienes la construyeron: los adultos mayores. Por ello, el abastecimiento mensual no solo está garantizado, sino que se ejecuta con planificación previa para evitar retrasos.
“Que nuestros ancianos tengan asegurado su almuerzo diario no es un gesto ni una simple ayuda. Es una obligación humana y municipal”, afirmó Guataica al resaltar el compromiso asumido por el alcalde y su equipo. La autoridad municipal remarcó que se seguirá reforzando el acompañamiento a los beneficiarios porque la alimentación no es el único aspecto que debe considerarse cuando se piensa en bienestar integral.
Los adultos mayores que asisten al comedor acuden para encontrar más que comida: hallan compañía, atención y la tranquilidad de saberse tomados en cuenta. Por esa razón, desde el municipio aseguran que los esfuerzos se intensificarán, especialmente en épocas festivas como diciembre, cuando las necesidades suelen aumentar y la soledad pesa más.
La gestión municipal insiste en que esta política social debe ser permanente y sostenida en el tiempo. No se trata de comunicados ni de buenas intenciones; se trata de resultados que se reflejan en platos servidos cada día, en rostros que vuelven a casa con el estómago lleno y con la certeza de que aún forman parte esencial de la comunidad.
