Endeudamiento familiar se dispara mientras cae el poder adquisitivo bajo el ajuste económico del gobierno de Javier Milei. Préstamos personales, tarjetas de crédito y billeteras virtuales se convierten en salvavidas que arrastran a la población hacia la asfixia financiera y la desesperanza cotidiana.
Con datos de Página12.com.ar
Federico tiene 32 años y hasta hace poco creía tener sus finanzas bajo control. Pero en mayo, su realidad se transformó en una espiral de ansiedad y noches sin dormir. La suma de sus deudas superaba los 5,4 millones de pesos, divididos entre tarjetas de crédito y dos préstamos personales. Un año atrás, una mudanza, gastos inesperados y un salario que quedó estancado lo empujaron al abismo. “Nunca en mi vida había debido tanto”, confiesa. Como él, millones de argentinos están atrapados en una red de deudas que crece sin pausa y que revela una crisis social más profunda que los balances macroeconómicos oficiales.
El nuevo escenario económico, instalado con fuerza desde diciembre de 2023, ha desatado una crisis de endeudamiento sin precedentes. Un relevamiento reciente del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) arrojó un dato estremecedor: el 91 por ciento de los hogares argentinos mantiene alguna forma de deuda. El informe, publicado en mayo, detalla que el 30,5 por ciento de las deudas corresponde al uso de tarjetas de crédito. En segundo lugar se ubican las billeteras virtuales, seguidas de los bancos, financieras y prestamistas informales.
Pero el origen del problema no se encuentra solamente en la facilidad para acceder al crédito. La raíz es mucho más profunda: una caída abrupta del poder adquisitivo, provocada por la devaluación inicial de la gestión Milei, el desmantelamiento de subsidios y una inflación que golpeó con especial violencia en los primeros meses de 2024.
EL COSTO DE COMER: PAGAR CON PLÁSTICO
El dato más revelador del informe es el destino del dinero prestado: el 58 por ciento de las compras hechas con tarjeta de crédito corresponde a alimentos. En otras palabras, la gente se endeuda para comer.
Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires, confirma esta realidad desde su propio local en Morón. “Los clientes compran lo justo para el día, con tarjeta. Diez, quince mil pesos. Ya no tienen efectivo ni para el pan”, cuenta. Por eso evita promover el pago con crédito. “Es una trampa. Terminan pagando intereses altísimos y después no llegan a fin de mes.”
La situación se agrava cuando el ciclo del endeudamiento se repite mes tras mes. Las familias usan el salario para cubrir la tarjeta, vuelven a gastar con ella para subsistir, y así se forma una bola de nieve. “Cobramos, pagamos la tarjeta y otra vez no queda nada. Es un loop eterno”, afirma Fernando, jubilado de 75 años que vive en el barrio porteño de Once.
“NO QUERÍA CAER EN UNA DEPRESIÓN”
Federico, como tantos otros, intentó solucionar su situación pidiendo más dinero prestado. Sacó dos préstamos personales para cancelar los intereses acumulados de la tarjeta. Uno por 1.200.000 pesos, otro por 700.000. Pero el plan fracasó. “La idea era pagar rápido, pero la inflación me jugó en contra y terminé más ahorcado”, explica. Para enfrentar los pagos, vendió una moto y eliminó todos los gastos recreativos: salidas, vacaciones, encuentros familiares. “No quería deprimirme, pero el estrés me superó.”
Lo mismo le ocurre a Ariel Sillitti, de 29 años, monotributista y estudiante. “Arranqué con la tarjeta, después pasé a Mercado Pago. Comida, transporte, lo básico. Después ya era imposible salir”, cuenta. Para amortiguar la situación, hace changas como fletero con un amigo. “Pero ni así. Hay que achicar todo. Vivir con lo justo y rezar para que no pase nada inesperado.”
Ariel describe el fenómeno con una frase contundente: “Estamos aprendiendo a vivir con la angustia”.
MOROSIDAD Y BOLA DE NIEVE
El panorama se refleja en las estadísticas oficiales y privadas. Un informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) confirmó que, en mayo, la mora en tarjetas de crédito alcanzó el 3,8 por ciento, casi el doble que un año atrás. En préstamos personales llegó al 5,6 por ciento. La consultora Quantum Finanzas detectó un incremento del 46 por ciento en la morosidad de los hogares entre noviembre de 2024 y abril de 2025.
En el caso de los créditos otorgados por billeteras virtuales o prestamistas no bancarios, la situación es aún más crítica: el 10,4 por ciento de las operaciones están en mora. Esta modalidad de crédito creció de forma vertiginosa porque ofrece acceso casi inmediato, incluso a personas sin ingresos formales. En un país donde más del 40 por ciento de la fuerza laboral es informal, se trata de millones de personas que no tienen otra vía para obtener dinero.
Pero las condiciones son peligrosas. Las tasas nominales anuales superan el 85 por ciento en promedio, y si no se abona el pago mínimo, las penalidades pueden superar el 100 por ciento. Es el modelo perfecto para una crisis: fácil acceso, necesidades urgentes, intereses impagables.
UNA ECONOMÍA QUE MARGINA Y ENDEUDA
Según la consultora EcoGo, la deuda de las familias argentinas representa hoy el 5 por ciento del Producto Bruto Interno, más del doble del nivel de 2023. Aunque aún por debajo del récord registrado en el gobierno de Mauricio Macri (6,2 por ciento en 2018), el crecimiento reciente es vertiginoso. En apenas doce meses, el nivel de crédito otorgado a hogares se duplicó.
Marina Dal Poggetto, directora de EcoGo, advierte que el ritmo actual es insostenible. “El problema no es que la gente se endeude, sino que lo hace para cubrir gastos corrientes, no para invertir o mejorar su situación”, explicó en declaraciones recientes. “Es un endeudamiento que no genera ningún retorno. Sólo sirve para sobrevivir.”
“EL FUTURO ES MÁS DE LO MISMO”
El horizonte, lejos de mejorar, parece nublado. “No tengo esperanzas de que esto cambie pronto”, dice Ariel. “Hay una sensación de resignación. Vamos a vivir así, haciendo malabares, por lo menos un par de años más.” Federico comparte el sentimiento: “Parece que vivir es pagar deudas. Y lo que no se paga hoy, se sufre mañana”.
Ambos coinciden en que el endeudamiento no es solo económico. También es emocional, físico, existencial. “No poder dormir, pensar todo el tiempo en cómo pagar, dejar de vivir por miedo a gastar… eso también enferma”, dicen.
El ajuste del gobierno libertario, centrado en la reducción del gasto público y la eliminación de subsidios, no ha contemplado mecanismos de contención para las familias endeudadas. El mercado hace lo que sabe hacer: prestar con intereses. Y el Estado, lejos de regular o proteger, se ha retirado.
EL SILENCIO DE LA CRISIS
Pese a la magnitud del fenómeno, el endeudamiento familiar no ocupa el centro del debate público. No hay planes de rescate, ni condonaciones, ni reformas estructurales que aborden el problema. Mientras tanto, miles de personas usan lo poco que tienen para pagar intereses, y dejan de lado su salud, sus vínculos y su bienestar.
Es una crisis silenciosa, pero devastadora. Una economía donde la comida se compra con crédito, donde endeudarse para sobrevivir es la norma, no la excepción. Y donde cada mes, al llegar el resumen de la tarjeta, se recuerda que vivir también tiene precio.
