EL NORTE DEL PAÍS VIVE SIN COMBUSTIBLE, YPFB PRIORIZA SANTA CRUZ

Feb 18, 2026

Mientras YPFB descarga 2 millones de litros en Palmasola para cubrir la demanda cruceña, en Cobija, Riberalta y Guayaramerín persisten filas, sobreprecios y denuncias por gasolina de baja calidad.


La distribución de gasolina en Bolivia muestra contrastes marcados entre regiones. De un lado, en Santa Cruz se reporta la descarga de volúmenes adicionales para garantizar el abastecimiento. Del otro, en ciudades del norte amazónico y fronterizo, usuarios describen escasez prolongada, compra informal y deterioro en la calidad del carburante.
En Santa Cruz, la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) confirmó la recepción de 2 millones de litros de gasolina importada desde Argentina. El gerente de Comercialización, Nelson Mendoza Torres, informó que las cisternas fueron descargadas en la Planta Palmasola y que durante el feriado se despacharon volúmenes superiores al promedio habitual para asegurar la provisión en el departamento.
“Se están descargando las cisternas de Argentina en la Planta Palmasola. Todo el feriado hemos estado despachando producto con volúmenes adicionales a la demanda, son cantidades superiores a las habituales con la finalidad de avalar la provisión del combustible”, declaró Mendoza en un reporte institucional.
La información oficial difundida por YPFB concentra sus comunicados en Santa Cruz, La Paz y, ocasionalmente, Cochabamba. Sin embargo, los testimonios recogidos en el norte del país describen otra realidad.
En Cobija, capital de Pando y ciudad fronteriza con Brasil, conductores y motociclistas relatan jornadas enteras en filas para conseguir gasolina. Ante la irregularidad del suministro, muchos optan por cruzar la frontera para abastecerse en territorio brasileño. Allí, el diésel tiene un precio similar al boliviano, según los usuarios, pero con mejor rendimiento. En el caso de la gasolina, el costo es mayor que en Bolivia, aunque destacan su calidad.
“Es demasiado, tenemos que dejar nuestras motos al cuidado de otra gente para ir a trabajar y en la noche volver a la cola y dormir”, afirma Remigio Chura, funcionario público. La rutina implica perder horas laborales y reorganizar la vida familiar para asegurar combustible.
En Riberalta, departamento del Beni, la situación es más crítica. La distancia con Brasil limita la posibilidad de adquirir el producto, lo que ha impulsado la venta en el mercado informal. Allí el litro alcanza hasta 15 bolivianos, muy por encima del precio oficial. Este sobrecosto impacta directamente en el transporte y en el precio final de alimentos y productos básicos.
Rubén Prada, mototaxista de la ciudad, describe problemas adicionales vinculados a la calidad. “La gasolina es rosada, ni siquiera es naranja, ya me jodió dos motocicletas, pero no podemos hacer nada, porque es lo único que tenemos. Vaya por la Beni Mamoré y va a ver los puestos, no sé cómo ellos tienen, pero vea las botellas, son las de Coca Cola, transparentes y ve que la gasolina está fea, entonces uno tiene que buscar la más transparente, hasta eso tenemos que mirar”, relata.
Las ventas en botellas plásticas a un costado de avenidas se han vuelto parte del paisaje urbano, según los propios transportistas. La ausencia de controles visibles y la urgencia por trabajar alimentan un circuito paralelo que opera con precios variables y sin garantías técnicas.
En Guayaramerín, también en Beni, el río que divide Bolivia y Brasil condiciona el acceso. Joaquín Yucha, mototaxista, explica que cruzar no siempre es viable. “No es fácil, no puedo llevar mi moto al otro lado, no tiene papeles, pero me las arreglo y me traigo en bidón bien oculto. Ellos saben que estamos llevando a 18 el litro, porque no podemos cargar en los surtidores brasileros, pero no tenemos otra, al frente no hay gasolina, hasta en 20 te quieren vender y es de mala calidad”, sostiene.
El traslado en bidones y el ocultamiento para evitar decomisos forman parte de una dinámica forzada por la falta de abastecimiento regular, según describen los propios usuarios.
Más al sur, en Yacuiba, frontera con Argentina, el escenario difiere. El paso hacia Pocitos permite una compra más accesible y constante. Marcelino Montes, mecánico de la ciudad, señala que muchos optan por cruzar debido a la calidad del carburante. “Aquí hay gasolina, pero ahora por el precio es mejor pasar a Pocitos, Argentina, y tiene casi el mismo precio, pero de alta calidad. Ya no sabemos cómo estará la gasolina en nuestro país, por eso preferimos pasar y comprar allá, y como son buenos cumpas, nos hacen el favor y nos llenan el tanque”, comenta.
En La Paz, durante el feriado de carnaval, se observaron filas en surtidores de zonas como El Cementerio y San Jorge. Aunque el suministro no se interrumpió por completo, los tiempos de espera se extendieron por varias horas.
El contraste es evidente: mientras en Santa Cruz se anuncian volúmenes extraordinarios y descargas continuas, en el norte amazónico se consolidan filas prolongadas, precios informales que duplican el oficial y denuncias por combustible de baja calidad. Los testimonios coinciden en la afectación directa al trabajo diario y en el aumento del costo de vida.