CLAUDIO LÓPEZ ABRE LAS PUERTAS DE UNA SANTA ANA QUE QUIERE SER DESCUBIERTA

Ago 16, 2026

El alcalde recorre la identidad, los problemas y los sueños de Santa Ana del Yacuma, desde sus fiestas y ríos hasta las ideas para convertir sus riquezas en oportunidades.

Santa Ana del Yacuma tiene una manera particular de quedarse en la memoria de quienes la conocen. Está la canción que la llama “paraíso terrenal”, están sus ríos, la ganadería, las fiestas de julio, las artesanías y esa relación cercana que sus habitantes mantienen con una tierra que para muchos no es solamente un lugar de residencia.
Para Claudio López, actual alcalde, Santa Ana tiene además una historia personal. Nació en Trinidad, creció en una familia trabajadora y llegó durante su juventud a la población beniana después del matrimonio de su madre con David Fernández Cuellar, capitán de aviación civil y oriundo de Santa Ana. Allí terminó el bachillerato y allí construyó una relación que, muchos años después, lo llevó a asumir la conducción del municipio.
“Santa Ana del Yacuma para mí es mucho más que la ciudad donde vivo, es la tierra de mis amores”, dice López en una entrevista exclusiva con el programa MARCO SIN FILTRO, para el periódico EL MAMORÉ.
La conversación permite conocer una Santa Ana distinta a la que suele aparecer cuando se habla únicamente de sus dificultades. López cuenta primero de la gente, de la tradición, de la devoción y de una celebración que durante julio transforma completamente la población.
Desde el primer domingo de ese mes comienzan las actividades en honor a Santa Ana, con programas culturales, exposiciones de artesanías, carreras de caballos y actividades populares. La llegada de la patrona a la iglesia es, para el alcalde, uno de los momentos más importantes de la celebración.
“Bajar a la patrona es un momento de algarabía, es un momento de mucho regocijo y de devoción de la gente”, relata.
Es una fiesta que, en su mirada, muestra una parte esencial de la identidad local. Santa Ana aparece entonces como una ciudad profundamente vinculada con sus tradiciones religiosas y culturales, pero también con una forma de vida que combina el campo, la ganadería, los ríos y las actividades propias del pueblo.
Después llega la otra Santa Ana. La que todavía tiene dificultades para conectarse con el resto del Beni.
El alcalde habla de las carreteras con conocimiento de quien sabe que una ruta puede determinar cuánto cuesta un producto, cuánto demora un viaje o si un visitante decide llegar o no. El acceso por Trinidad, San Pedro y La Palca tiene aproximadamente 180 kilómetros, explica, y en buenas condiciones puede recorrerse en unas tres horas. Cuando llegan las lluvias, la situación cambia completamente.
“En condiciones malas pues a veces hasta 12”, señala.
La ruta por El Perú (región beniana, no la República de Perú) y el río Apere representa para López otra posibilidad. Considera que esa conexión podría permitir que Santa Ana tenga una salida más estable hacia otras regiones y reduzca parte de las dificultades que actualmente enfrenta.
El problema no termina en las carreteras. El puente Rapulo, una de las estructuras que facilitaban el tránsito, dejó de funcionar después de su colapso. Para López, recuperar esa conexión es una prioridad porque detrás de una obra vial hay productores, comerciantes, estudiantes, familias y personas que necesitan trasladarse.
“Nos ha afectado muchísimo”, afirma.
La mirada del alcalde también se dirige hacia el puerto San Lorenzo, donde plantea otro puente que permita atravesar el río Yacuma y mejorar la conexión con Exaltación. Desde allí, sostiene, Santa Ana podría ampliar sus posibilidades de llegar hacia Riberalta y Guayaramerín.
No todas las obras están bajo responsabilidad directa de la Alcaldía, algo que López reconoce. Pero considera que eso no puede impedir que el municipio las reclame cuando sus efectos terminan repercutiendo en la población.
“Si no me compete en la construcción, sí afecta en nuestra canasta familiar”, explica.
La falta de conexión también condiciona el turismo, una de las actividades que el alcalde quiere desarrollar. Santa Ana está ubicada entre los ríos Yacuma, Rapulo y Mamoré, tres espacios que, según su visión, pueden convertirse en rutas para pesca deportiva, navegación, observación de aves y recorridos por la biodiversidad de la región.
López incluso tiene un sueño concreto: contar con embarcaciones para recorrer esos ríos.
“Sí, sueño con un barco, uno o dos”, dice.
No habla solamente de paseos. Su intención es que esas embarcaciones formen parte de una propuesta turística capaz de atraer visitantes nacionales e internacionales.
La riqueza natural se combina con otras posibilidades. La ganadería es, para el alcalde, el principal motor económico de Santa Ana. El sector genera empleo y mantiene una relación directa con buena parte de la actividad del municipio.
Pero López quiere ampliar esa base.
Menciona el chivé producido en el norte de la provincia, el pescado, la madera y las artesanías. También observa una oportunidad en algo que actualmente se desperdicia: el cuero del ganado.
Su propuesta consiste en crear una curtiembre municipal para aprovechar ese material, generar puestos de trabajo y crear una nueva fuente de ingresos.
“El cuero se lo desecha, el cuero se pudre”, sostiene al explicar por qué considera necesario transformar ese recurso.
También menciona la posibilidad de atraer empresarios interesados en invertir en el municipio. Entre las actividades que observa con potencial está el procesamiento y acopio de pescado, incluido el paiche, además de proyectos vinculados con la ganadería y otras materias primas.
Pero la Santa Ana que López quiere mostrar tiene también problemas que no pueden quedar fuera de la conversación.
La seguridad es uno de ellos.
El alcalde reclama mayor presencia de las instituciones estatales y considera insuficiente la cantidad de policías disponibles para atender las necesidades del municipio. Para él, una ciudad que pretende recibir turistas y atraer inversiones también necesita garantizar tranquilidad a sus habitantes.
La misma preocupación aparece cuando habla de servicios públicos.
López sostiene que Santa Ana necesita una presencia permanente del SEGIP. Actualmente, explica, los habitantes pueden verse obligados a viajar para realizar trámites relacionados con sus doçcumentos de identidad. Durante la época de lluvias, ese desplazamiento puede costar varios cientos de bolivianos.
También reclama la presencia permanente de un oficial de registro civil. El municipio, según relata, no cuenta con ese servicio de manera estable y algunas personas deben trasladarse para obtener certificados o realizar determinados trámites.
La falta de servicios también alcanza a sectores vulnerables. López habla de los adultos mayores y de personas con discapacidad que necesitan apoyo para realizar gestiones básicas.
Cuenta que existen ancianos que tienen dificultades incluso para desplazarse a cobrar sus beneficios y que el municipio está enviando personal para atenderlos.
“Estamos identificando las falencias y las vamos subsanando”, afirma.
La administración municipal enfrenta además una limitación permanente: los recursos.
López reconoce que los ingresos propios de Santa Ana son insuficientes para cubrir todas las necesidades. Por eso observa con atención la propuesta del 50-50, especialmente en áreas como salud y educación.
Su posición es que las responsabilidades deben estar acompañadas por recursos suficientes.
“Administrar implica recursos”, sostiene.
Entre las obligaciones que más preocupan al alcalde está el desayuno escolar, además de las necesidades de infraestructura educativa, medicamentos y equipamiento hospitalario.
En el hospital municipal también plantea modificar la ubicación de la morgue. Según explica, su proyecto busca sacarla del establecimiento debido al riesgo de contaminación cruzada y ya se trabaja en la propuesta.
Así transcurre la conversación: entre la Santa Ana de los recuerdos de López y la Santa Ana que ahora tiene bajo su responsabilidad.
Una ciudad de fiestas y caballos, de iglesias llenas durante julio, de ganaderos y pescadores; una ciudad atravesada por tres ríos y con posibilidades de convertir su paisaje en una actividad económica; una ciudad que produce, pero que todavía necesita caminos para sacar esa producción; una población que quiere atraer turistas, pero que primero necesita garantizar accesos.
Antes de terminar la entrevista exclusiva de MARCO SIN FILTRO para EL MAMORÉ, López vuelve a la invitación con la que comenzó a describir su ciudad.
“Estamos cambiando la cara de Santa Ana del Yacuma”, afirma.
Y la invita a ser conocida desde sus ríos, su gente, sus tradiciones, su producción y esa mezcla particular entre una ciudad que conserva orgullosamente su identidad y un municipio que busca nuevas maneras de abrirse al país y al mundo.