La escena que rodeó la aprehensión de Luis Arce reflejó un quiebre político que hasta hace semanas parecía impensable. El exmandatario, quien solía movilizar a decenas de funcionarios y militantes arcistas en cada aparición pública, enfrentó este miércoles su momento más adverso: apenas una persona llegó hasta la puerta de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) para expresarle apoyo. El vacío fue evidente y marcó un contraste contundente con la imagen de fortaleza que el expresidente mostraba dos meses atrás.
Entre las pocas voces que salieron en su defensa estuvo la de María Nela Prada, exministra y una de las figuras más cercanas a Arce durante su gestión. Fue ella quien confirmó públicamente su aprehensión, calificándola como un “secuestro ilegal” y señalando que, por su condición de expresidente, debía ser sometido a un juicio de responsabilidades. Prada acudió personalmente a la FELCC para verificar la situación de su antiguo líder y negó tener vínculo alguno con el caso Fondioc, investigación que hoy sostiene los cargos en su contra.
La reacción dentro del entorno arcista fue mínima. De los 40 ministros que pasaron por su gabinete durante cinco años, solo otro excolaborador se pronunció: Edgar Montaño. A través de un mensaje en redes, pidió la liberación de Arce y demandó una investigación transparente sobre el Fondo Indígena. Insistió en que el debido proceso debía ser respetado y llamó a evitar que la coyuntura se convierta en un escenario de venganzas políticas.
Sin embargo, no todas las voces fueron de solidaridad. Su exaliado Rolando Cuéllar adoptó una postura frontal. En entrevistas públicas sostuvo que “no se protegerá a corruptos”, y pidió que el Ministerio Público extienda las medidas de arraigo no solo contra Arce, sino también contra Evo Morales y otros actores vinculados al caso. Su declaración dejó en evidencia la fractura interna del oficialismo y el distanciamiento definitivo con quien todavía era considerado un referente del ala arcista.
En el bloque evista, la reacción fue distinta. Evo Morales guardó silencio, pero el diputado Héctor Arce no dejó pasar la oportunidad para cuestionar al Gobierno de Rodrigo Paz. Calificó la aprehensión como “un circo” destinado a distraer de otros problemas nacionales, como la crisis económica o la violencia en Cotapachi. Su crítica no defendió al expresidente; más bien, utilizó la coyuntura para ampliar su ofensiva política contra el Ejecutivo. No obstante, admitió que, si existen indicios, Arce debe asumir el proceso correspondiente.
