La escritora trinitaria prepara la presentación de un nuevo poemario mientras impulsa la lectura, rescata la memoria amazónica y reclama mayor apoyo para difundir la riqueza cultural beniana dentro y fuera del país. Entrevista exclusiva en el programa MARCO SIN FILTRO.
Hay personas que encuentran en la escritura una profesión. Otras, un refugio. Para Érika Mertens Núñez Vela, escribir representa un compromiso con la tierra que la vio nacer. Cada cuento, cada poema y cada libro que publica tienen un mismo propósito: impedir que las costumbres, la biodiversidad, los pueblos indígenas y la identidad amazónica se pierdan entre el paso del tiempo y la indiferencia.
Desde Trinidad, ciudad donde nació, la autora ha construido una carrera literaria que trasciende la poesía y la narrativa infantil. Sus obras se han convertido en una ventana desde la cual el país puede mirar una región que, según sostiene, todavía permanece poco conocida incluso entre los propios bolivianos.
Su más reciente trabajo, «Encuéntrate en mis versos», refleja precisamente esa forma de entender la literatura. No se trata únicamente de un poemario, sino de una invitación para que el lector dialogue consigo mismo a través de sentimientos, emociones y experiencias que nacen de la vida cotidiana.
«El escritor escribe lo que siente y el lector termina encontrándose con aquello que también le duele o le emociona», explica al describir una obra que, además de los textos, incorpora ilustraciones realizadas por el artista trinitario Israel, siguiendo una característica que ya se ha convertido en uno de sus sellos editoriales: combinar palabra e imagen para enriquecer la experiencia de lectura.
El libro será presentado primero en Trinidad y luego en Santa Cruz, dos escenarios donde espera volver a demostrar que la producción literaria nacida en la Amazonía tiene un espacio propio dentro de la cultura boliviana.
La relación de Érika Mertens con el patrimonio beniano no se limita a los libros. Durante casi un año y medio llevó la corona de Raetona, una de las soberanas del folclore trinitario de la tradicional Chope Piesta de la Santísima Trinidad, una experiencia que recuerda como una de las más significativas de su vida.
Aquella responsabilidad iba mucho más allá de representar una festividad. Significaba convertirse en portavoz de una cultura viva, de las danzas, la gastronomía, la música y las tradiciones que forman parte de la identidad del departamento.
«Fue una de las coronas que más tocó mi corazón porque me permitió mostrar quiénes somos los benianos», recuerda.
Durante ese período también tuvo la oportunidad de proyectar esa identidad fuera de Bolivia. Su imagen ocupó la portada de la revista de Boliviana de Aviación, publicación distribuida en vuelos internacionales, permitiendo que viajeros de distintos países conocieran parte de la riqueza cultural del Beni.
Sin embargo, esa experiencia también confirmó una realidad que considera preocupante: el patrimonio amazónico continúa siendo escasamente difundido.
A su juicio, Bolivia todavía concentra gran parte de su atención en otras regiones, mientras el Beni sigue siendo visto como un territorio lejano, pese a albergar una de las mayores riquezas naturales y culturales del país.
«La cultura beniana necesita ser visibilizada. Tenemos una identidad enorme que todavía no mostramos como deberíamos», sostiene.
Esa falta de promoción, dice, no solo afecta al reconocimiento cultural. También limita el desarrollo económico.
Para Mertens, el turismo cultural y ecológico constituye una oportunidad todavía desaprovechada. Considera que el departamento posee condiciones excepcionales para atraer visitantes interesados en la observación de aves, la biodiversidad, la gastronomía amazónica, las festividades tradicionales y la convivencia respetuosa con los pueblos indígenas.
Pero advierte que ese crecimiento debe producirse sin sacrificar los recursos naturales que distinguen al Beni.
«No queremos desarrollo destruyendo nuestros bosques ni nuestra fauna. Queremos que el turismo se convierta en una herramienta para proteger todo eso», afirma.
Ese mismo principio atraviesa buena parte de su producción literaria.
Su obra destinada al público infantil busca que los niños descubran la Amazonía desde los primeros años de vida. En sus páginas aparecen bufeos, parabas, tigres, petas y personajes pertenecientes a distintas naciones indígenas, todos convertidos en protagonistas de historias donde la naturaleza deja de ser un paisaje para transformarse en un espacio que merece respeto.
Uno de esos relatos, «El Árbol de Mapajo», fue incorporado al material educativo distribuido por el Ministerio de Educación para estudiantes de primaria, un reconocimiento que recibió con especial satisfacción.
«Nuestros niños también necesitan verse reflejados en lo que leen», comenta.
Para la escritora, la identidad regional no puede construirse únicamente desde los contenidos nacionales. Cree que un niño amazónico necesita conocer la diversidad del país, pero también descubrir que los paisajes, los animales, las leyendas y las culturas de su propia tierra forman parte del patrimonio boliviano.
Su compromiso con la literatura infantil también le abrió puertas fuera del país.
Fue invitada a participar en la Bienal Internacional del Libro de São Paulo después de que representantes brasileños conocieran «Cuentos Infantiles de la Amazonía» durante una feria realizada en Trinidad. La experiencia le permitió compartir con escritores de distintos continentes y observar una realidad que todavía la impresiona.
«Allá los niños compran libros con la misma ilusión con la que aquí muchos esperan un juguete», relata.
Esa diferencia la lleva a reflexionar sobre el presente de la lectura en Bolivia.
Reconoce que vender libros en el Beni no resulta sencillo y que las nuevas generaciones crecieron rodeadas de pantallas, redes sociales y teléfonos inteligentes. Sin embargo, está convencida de que el problema no puede atribuirse únicamente a la tecnología.
Asegura que el hábito comienza en casa.
Los padres que leen, que cuentan historias antes de dormir y que convierten el libro en un objeto cotidiano transmiten naturalmente ese interés a sus hijos.
«No es igual leer desde una pantalla que tener un libro entre las manos, sentir sus páginas y descubrirlo poco a poco», sostiene.
La inspiración tampoco responde a horarios.
Puede aparecer observando el vuelo de una paraba, contemplando un paisaje del Beni o siguiendo el rescate de un animal silvestre. Recuerda especialmente el caso de un capibara encontrado con un neumático atrapado alrededor del cuello, una historia que terminó transformándose en un nuevo cuento.
Cuando llega una idea, asegura, no espera al día siguiente.
«Hay que escribir en ese instante, porque la emoción cambia y después ya no vuelve de la misma manera.»
Aunque desarrolla su actividad profesional como abogada y notaria, considera que ambas facetas se complementan. La profesión le enseñó disciplina y lectura constante; la literatura le permitió expresar aquello que las leyes no alcanzan a explicar.
Además de sus publicaciones individuales, ha formado parte de antologías nacionales e internacionales, entre ellas «El vuelo de tu mirada», editada en Perú y dedicada exclusivamente a la poesía femenina amazónica, donde fue la única representante boliviana invitada.
Pese a esos reconocimientos, insiste en que todavía existen muchos escritores jóvenes del Beni cuyo trabajo permanece invisible.
Menciona a nuevos autores que comienzan a abrirse espacio y cree que el talento nunca ha faltado. Lo que escasean son los concursos, los incentivos, las ferias permanentes y las políticas que permitan descubrir nuevas voces.
Para ella, recuperar concursos de poesía, cuento, declamación y narrativa dentro de las unidades educativas puede marcar la diferencia para una nueva generación de escritores.
Mientras ultima los preparativos para presentar «Encuéntrate en mis versos», Érika Mertens mantiene intacta la convicción que la acompaña desde sus primeros escritos: cada libro puede convertirse en una herramienta para proteger la memoria de un pueblo. En sus páginas no solo habitan poemas o cuentos infantiles. También permanece viva una Amazonía que busca ser leída, comprendida y reconocida con la misma intensidad con la que ella la escribe.















