La Corte Suprema ratificó la condena contra la expresidenta, y el peronismo respondió con movilización, unidad y un mensaje directo a los poderes fácticos del país.
Con datos de pagina12.com.ar
La escena ocurrió en Matheu 130. La sede central del Partido Justicialista se convirtió en epicentro político y emocional tras confirmarse que la Corte Suprema de Justicia ratificó la condena contra Cristina Fernández de Kirchner: seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. En las puertas del edificio y a lo largo de varias cuadras, una multitud reunida en vigilia desde la noche anterior rompió en un silencio sepulcral al conocer la noticia. Luego, estalló el canto y el compromiso.
Cristina no vaciló al tomar el micrófono. “Los peronistas no nos fugamos, eso lo hace la derecha. Nosotros damos la cara y ponemos el cuerpo”, dijo. En su voz había desafío, pero también dirección política. “Hay que organizarse. Hay que estar junto a los que más necesitan, con cada colectivo social que hoy sufre las políticas del Gobierno de Milei”, remarcó, antes de retirarse a su casa para esperar lo que venga. Miles comenzaron a seguirla como en una peregrinación de resistencia.
La jornada se transformó rápidamente en una movilización nacional. Desde distintos puntos del país comenzaron a llegar reportes de manifestaciones, concentraciones y vigilias. “Esto no tiene final feliz. El poder económico sabe que sólo nosotros podemos reconstruir lo que están destruyendo”, sostuvo la exmandataria, en alusión a las élites que, según denunció, impulsan su proscripción política. También fustigó a los jueces de la Corte: “Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti no son más que monigotes. Obedecen a intereses que están por encima de ellos”.
Recordó, además, el atentado que sufrió en 2022: “A los días de que intentaran asesinarme, los medios ya titulaban ‘la bala que no salió, el fallo que sí saldrá’. Es parte de un mismo plan”. Y agregó: “Estar presa mientras los Caputo y los Macri caminan impunes por el país es una confirmación histórica de quién está del lado del pueblo”.
Durante la mañana, senadores y dirigentes comenzaron a reunirse en el PJ. La propia CFK llegó cerca de las once, cuando aún se especulaba con que el fallo se postergaría. Pero en medio de la reunión se supo que Rosatti había convocado a sus pares para redactar la resolución. El clima cambió. Se disolvió el operativo de salida vehicular y comenzaron a arribar figuras del sindicalismo, la política y los movimientos sociales.
Daniel Catalano (ATE Capital), Paco Manrique (SMATA), Hugo Yasky (CTA), Teresa García, entre otros, se hicieron presentes. También llegó Axel Kicillof, gobernador bonaerense, quien fue recibido con cierta frialdad por sectores de La Cámpora, pero respaldado por el entorno de CFK. “Estuvo muy bien en estar acá”, señalaron. Más tarde arribó Sergio Massa, sin previo aviso, y fue llamado por la propia Cristina a mantener una reunión privada.
“Cristina nos pidió que no lloráramos, que trabajemos un plan político serio. Hay que interpelar al voto en blanco con propuestas desde la legitimidad popular”, contó la senadora Juliana Di Tullio. La líder peronista se mostró firme y serena. Ordenó, escuchó y condujo. Al final de la jornada, encabezó un encuentro virtual con dirigentes de todo el país.
Cuando el fallo se conoció públicamente, el PJ montó un escenario frente al edificio. CFK salió junto a su hijo Máximo y la senadora Alicia Kirchner. Luego se retiró a su departamento en Constitución, donde cumplirá prisión domiciliaria. Detrás de su auto, miles marcharon por Avenida Rivadavia entonando cánticos de resistencia.
El gobernador Kicillof, ya en televisión, denunció el carácter político del fallo: “Es una infamia jurídica al servicio del poder económico”. En redes sociales fue más duro: “Es un nuevo capítulo en la persecución contra quienes gobernaron para las mayorías”. Juan Grabois, por su parte, alertó: “La detención de Cristina marca el inicio de una virtual dictadura”.
En las últimas horas, mientras el peronismo comenzaba a delinear su estrategia de respuesta, el clima en las calles se tornaba más denso. La consigna “Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar” se transformó en advertencia colectiva. El oficialismo, en tanto, se mantenía en silencio.
El fallo llegó en un momento de profunda crisis social, con una inflación desbordada, ajuste feroz y deterioro institucional. En ese contexto, el peronismo reconfigura su rol: ya no como fuerza de Gobierno, sino como sujeto de resistencia activa. Para muchos, el kilómetro cero de una nueva etapa comenzó esta semana, bajo el cielo gris de Buenos Aires, con la voz de una líder que, pese a todo, volvió a decir presente.


