La capital beniana enfrenta un desabastecimiento total de combustible que paraliza el transporte, elimina la reventa informal y deja a cientos de familias sin ingresos diarios ni respuestas oficiales.
La escasez de gasolina en Trinidad dejó de ser un problema intermitente y se convirtió en una ausencia absoluta. En los surtidores no hay combustible, pero tampoco en los puntos informales donde antes se conseguía a precios elevados. La ciudad quedó sin margen de maniobra.
Durante varios días, filas de motocicletas, vehículos particulares y transporte público se extendieron por varias cuadras sin resultados.
Conductores reportaron que pasan jornadas completas sin lograr cargar ni un litro, afectando directamente su trabajo y sustento.
El impacto se siente con mayor fuerza en sectores que dependen del movimiento diario.
Ayer los mototaxistas y transportistas decidieron trasladar la presión a las calles y bloquearon la avenida Panamericana, uno de los principales ejes viales de la ciudad. La medida interrumpió la circulación y generó congestión en zonas cercanas, mientras la Policía se desplegó para evitar enfrentamientos.
En barrios alejados, la situación es aún más crítica. Vecinos que dependen de motocicletas para movilizarse quedaron aislados. Juan Carlos Yamavique, del barrio Paititi, explicó que ni siquiera los revendedores cuentan con gasolina, una opción que hasta hace poco permitía continuar con actividades básicas. Esa alternativa desapareció tras operativos recientes que incautaron combustible en manos de comerciantes ilegales, sin que luego se reponga el suministro en el mercado formal.
El desabastecimiento no distingue entre tipos de gasolina. La de menor calidad, conocida entre los usuarios como “basura”, no se encuentra. Tampoco la de mejor rendimiento, que llegó de manera limitada días atrás y se agotó rápidamente. El corte es total.
Las protestas también alcanzaron a los surtidores. Conductores bloquearon accesos exigiendo la distribución inmediata de carburantes. La medida refleja el desgaste acumulado por horas de espera sin respuestas.
A pesar de la magnitud del problema, no existe un pronunciamiento claro de las autoridades responsables. Intentos de contacto con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos y la Agencia Nacional de Hidrocarburos no tuvieron resultados. Las respuestas administrativas se limitaron a informar que los responsables no estaban disponibles.
La ciudad continúa paralizada, con actividades reducidas y creciente malestar ciudadano, mientras la gasolina sigue sin aparecer en ningún punto de abastecimiento.







