Por Marco Santivañez

 

Las matemáticas aguantan todo, y todo apunta que los bolivianos debemos ver si matemáticamente podemos llegar al mundial 2026, o nos bajamos de la posibilidad de estar en un mundial.

La selección nacional volvió a desilusionar al pueblo boliviano tras sufrir su tercera derrota consecutiva, esta vez nuestro verdugo fue el seleccionado de Ecuador, que aprovechó los errores para anotar en el epílogo de cada tiempo los goles que les permitió irse de La Paz con la alegría de sumar sus primeras unidades, tras el castigo de quita de puntos que tiene mediante la sanción FIFA.

Pese a los cambios de nombres en la convocatoria de jugadores, la actitud hasta los primeros 45 minutos fe la misma que se vio contra Brasil o Argentina, un grupo sin motivación, con mucho respeto al rival y sin ideas para el ataque.

Poco o nada se puede decir de Guillermo Vizcarra, al que el técnico espero que se recupere para alinear frente a Ecuador, y no se equivocó, porque fue el artífice de que esta derrota no se abultada.

En la defensa, Haquin, de gran nivel en Colombia, no mostró ser el caudillo que se requiere en la zaga, sus compañeros hicieron aguas y permitieron que Ecuador ingrese sin problemas hasta el arco.

Sagredo, no puede jugar atrás por su lentitud a la hora de resolver los problemas que se presentan en la Verde, y Cuellar tuvo un nivel por debajo de su presencia en el futbol nacional, cometiendo una serie de errores, que al final del partido coronaron con el segundo gol de Ecuador.

En el medio, la falta de jerarquía de los jugadores nacionales hace que no se tenga una conexión entre la defensa y el ataque.

Justiniano, el nuevo convocado poco o nada pudo hacer en ataque y se dedicó a intentar romper los circuitos que elaboraban los volantes de la visita.

Villarroel, intrascendente y con poca alimentación tanto a Martins como a Abrego.

El más bajo de los volantes fue Arrascaita, quien no cumple la función de creador del fútbol en su equipo y menos realizará este trabajo en el seleccionado nacional.

En la zona de ataque, Martins una vez más intentando suplir su bajo nivel técnico, suplente en Independiente del Valle, con voluntad y ganas de agarrar una pelota y definir el partido, pero sin alguien que pueda filtrar una pelota seguirá siendo el voluntarioso atacante y nada más.

A Ábrego le pesó el ser considerado el reemplazo natural de Martins o ser el goleador que está esperando el aficionado.

Precisamente la Salida de Ábrego y Arrascaita determinaron un cambio de actitud del seleccionado con dos jugadores que tenían sed de revancha en la Verde, tras no ser convocados frente a Brasil y Argentina.

Ramallo, pasó a ser un atacante más y buscó el arco como lo hizo en todas sus convocatorias, como premio llegó el gol del empate de Bolivia, pero igual que todo el plantel entró en la espiral de la desesperación y se apagaron sus luces.

Vaca, fue el distinto el diferente en el cuadro Verde, empezó a tener más conexión con el ataque, pese a que en muchas oportunidades pecó de individualista, un tiro libre al travesaño, la jugada para el gol de Ramallo fueron parte de su retorno a la selección nacional.

Se volvió a perder, más por errores defensivos que por virtudes de Ecuador, lo que nos muestra que tenemos una selección sin jerarquía, sin nivel internacional que nos lleva a la catástrofe futbolera.

En 1997 a cuando faltaban dos partidos para el final de la eliminatoria a Francia 1998, el técnico Antonio López nos enseñó a sacar la calculadora para ilusionarnos que matemáticamente podíamos clasificarnos, pero futbolísticamente estábamos lejos porque empezaba la debacle de la cual no salimos hasta el momento.

¿Es Gustavo Costas el culpable de este desastre?, si y no, si porque no vemos una motivación, no vemos una actitud positiva de los jugadores, y porque no convoca a los mejores del momento, que hay muchos, pero si no los observas y no les haces el seguimiento no podrás mirar más allá del Illimani. Y no, porque este es el nivel que tenemos en el fútbol local, donde somos invencibles dentro nuestra mediocridad, en la que podemos buscar culpables hasta en el último arroz, pero no hacemos nada para cambiar.

Con este panorama, con tres derrotas al hilo, en una eliminatoria donde todos sacaron puntos, de visita o local, nos queda la esperanza, ponerle pilas a nuestras calculadoras para que aguante la numerología que no querrán vender como sueño de clasificación.

 

 

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