Con procesiones, misas, danzas y chasqueros, la Ichapekene Piesta volvió a llenar de vida y espiritualidad las calles del pueblo moxeño en su aniversario número 336
Con una participación masiva que desbordó las calles de la ciudad, San Ignacio de Moxos celebró la Ichapekene Piesta Inasianuana, considerada la festividad cultural y religiosa más importante del oriente boliviano.
El evento, que alcanzó su edición número 336, fue acompañado por expresiones de fe, identidad ancestral, música, color y una fuerte carga simbólica que reafirma el sincretismo entre las raíces indígenas moxeñas y la tradición católica introducida durante la época colonial.
Desde muy temprano, miles de fieles y visitantes colmaron el atrio de la iglesia principal para participar en la solemne misa en honor a San Ignacio de Loyola, patrono espiritual del pueblo. La ceremonia fue presidida por autoridades eclesiásticas del vicariato apostólico de Beni y contó con la presencia de líderes indígenas, vecinos de las parcialidades, funcionarios municipales y representantes de instituciones públicas y privadas.
La homilía se centró en la necesidad de fortalecer los valores comunitarios, la fe viva del pueblo y el respeto a las tradiciones originarias. En un ambiente marcado por la devoción, se destacaron las raíces históricas de la festividad y su profundo vínculo con la identidad moxeña.
Tras el oficio religioso, los asistentes acompañaron la procesión de la imagen de San Ignacio, que recorrió varias calles de la ciudad.
A lo largo del trayecto, se vivió un espectáculo único de espiritualidad y simbolismo, donde los danzarines de distintas parcialidades ejecutaron sus coreografías tradicionales con trajes elaborados, máscaras zoomorfas, coronas de plumas y tambores que retumbaron al ritmo de la selva.
Las danzas de macheteros, tigres, jinetes, chovena, toritos, abuelos y monaguillos hicieron vibrar al público. Cada paso fue una reafirmación de la cultura viva que sobrevive desde tiempos precolombinos, adaptándose y resistiendo al paso del tiempo.
Una de las imágenes más emotivas fue la participación de los niños y jóvenes, quienes portaban con orgullo los símbolos de sus parcialidades. Entre ellos, se pudo observar a varias Soberanas del Folclore Trinitario 2025, que viajaron desde la capital del Beni para sumarse a la fiesta y rendir homenaje a San Ignacio, en un gesto de unión entre los pueblos del departamento.
El alcalde municipal, Juan Carlos Abularach, lideró las actividades protocolares y expresó su orgullo por la celebración.
“Esta es la esencia de nuestro pueblo. Aquí está nuestra historia, nuestra fe, nuestra cultura. Gracias al trabajo conjunto con las parcialidades, hemos logrado una organización impecable para recibir a miles de personas con hospitalidad y seguridad”, manifestó.
Días antes del evento central, San Ignacio vivió intensamente las actividades previas como la tradicional Noche de Chasquero, uno de los actos más simbólicos del calendario festivo.
En medio de cánticos, oraciones y el encendido de antorchas artesanales, la comunidad se reunió en la plaza principal para recibir la luz de los chasqueros, que anuncian el inicio espiritual de la festividad.
Este acto nocturno, cargado de fuerza ritual y color, fue acompañado por tambores, cánticos en idioma mojeño y la presencia de ancianos sabios que compartieron relatos de origen, mitología y resistencia cultural.
El evento no solo tuvo un componente religioso y espiritual, sino también festivo y recreativo. también, se desarrollaron competencias como el palo encebau, una tradición que desafía a los más valientes a escalar un tronco enjabonado de más de 16 metros para alcanzar premios colocados en la cima.
Esta actividad atrajo a decenas de espectadores y mantuvo viva una de las expresiones lúdicas más esperadas por la población.
Asimismo, se realizó el Jocheo de Toros, que en San Ignacio adopta una particular dimensión ritual y comunitaria. A diferencia de otras regiones donde esta práctica está ligada al entretenimiento, en el pueblo moxeño representa un tributo a la fertilidad de la tierra y al valor colectivo. Las calles se llenaron de jinetes y de música, mientras los vecinos compartían bebidas típicas, comidas tradicionales y relatos de antaño.
El Gran Cabildo Indigenal, principal instancia de representación de las parcialidades, tuvo un rol fundamental en la organización de las actividades. En coordinación con el municipio, garantizó la participación de todos los sectores y cuidó que se respetaran las normas tradicionales de cada grupo.
Esta relación institucional permitió que la fiesta se desarrollara en un ambiente de armonía, respeto mutuo y participación democrática.
La Universidad Autónoma del Beni (UAB), en alianza con su Biblioteca Central, instaló una biblioteca móvil en plena plaza principal, con el fin de promover el acceso a la lectura y la revalorización del patrimonio oral. Durante tres días, niños, jóvenes y adultos accedieron a libros, cuentos, talleres de escritura y exposiciones que conectaron el conocimiento académico con la sabiduría ancestral.
Los visitantes, provenientes de Trinidad, Riberalta, La Paz y otras ciudades, destacaron la calidad de la organización, la calidez del pueblo ignaciano y la autenticidad de cada manifestación. Algunos incluso se declararon sorprendidos por la fuerza de la espiritualidad moxeña, tan diferente a las fiestas religiosas urbanas más convencionales.
“Es la primera vez que vengo y me voy conmovida. Esto no es solo una fiesta, es una lección de vida, una manera de entender la fe desde la tierra, la selva y la comunidad”, expresó Paola Ríos, turista cruceña que llegó con su familia desde Montero.
El evento fue cubierto por medios locales y regionales, y según el reporte del gobierno municipal, más de 30 mil personas asistieron a las actividades principales, convirtiendo a San Ignacio en el epicentro cultural del Beni durante estos días.


