El presidente Biden se apresura a emitir o filtrar declaraciones criticando a Netanyahu por sus asesinatos excesivos, especialmente por la matanza de siete trabajadores humanitarios de distintas nacionalidades (norteamericano, polaco, australiano, palestino y  tres ingleses), todos afiliados a la organización no gubernamental estadounidense World Central Kitchen, perpetrada a manos del ejército de ocupación. Dicha organización distribuía ayuda alimentaria al menos a 700 mil personas amenazadas por la hambruna en Gaza.

Las críticas de Biden siempre se contienen tras una llamada telefónica con Netanyahu; comienza culpándolo con tibieza y siempre termina con la afirmación de que Netanyahu está contento con el compromiso de Estados Unidos con la seguridad de Israel y continúa proporcionándole todo lo que necesita para la guerra, incluidas armas, municiones y expertos.

La guerra continúa por séptimo mes, intensificándose y expandiéndose, con resultados escalofriantes: más de 33.037 muertos, entre ellos 13.790 niños, 9.100 mujeres, 695 ancianos y 75.668 heridos. Destacar que entre los fallecidos como resultado de las acciones militares israelíes se encuentran 484 miembros de los equipos de salud: murieron 134 enfermeros, 84 médicos, 46 paramédicos, 46 farmacéuticos, 39 fisioterapeutas, 38 dentistas, 32 estudiantes de Odontología, 25 administrativos, 16 personas que trabajaban en análisis médicos, 9 oftalmólogos, 4 técnicos radiólogos, 3 psicólogos, 1 odontólogo y 72 académicos. A este listado hay que añadir también 165 miembros del personal de la ONU y 133 periodistas. Los asesinados representan el 5% de la población de Gaza, hay más de 10 mil desaparecidos y un 85% de la población ha sido desplazada. En el transcurso de este genocidio la destrucción alcanza a 360 mil viviendas, lo que equivale al 65% de las viviendas de la Franja. Toda esta barbarie se ha hecho con plena conciencia y planificación. 

Otro de los resultados de esta guerra es que un millón de personas, lo que supone alrededor del 45% de la población, se han visto infectadas con enfermedades graves como la hepatitis; al menos diez mil pacientes con cáncer en Gaza no reciben ningún tratamiento; veinte mil niños han quedado huérfanos y, por mucho que las personas y los familiares se compadezcan de ellos, crecerán sin el apoyo de sus padres y sin la ternura de sus madres, que es insustituible y no tiene compensación alguna. En cuanto a los mil niños que han quedado mutilados perdiendo manos, piernas o ambas, ¿qué futuro les espera?

Israel destruyó deliberadamente el sistema de salud bombardeando 32 hospitales, más de 153 centros médicos y 126 ambulancias, dejándolos todos fuera de servicio.

Israel pretendía destruir la economía nacional palestina destruyendo la mayoría de las fábricas y centros económicos; también quería destruir la cultura y el patrimonio del pueblo palestino destruyendo total o parcialmente 404 escuelas y universidades, así como 486 mezquitas, 3 iglesias y 200 lugares arqueológicos, incluidos 12 museos que contienen vestigios de la civilización árabe en Palestina.

Se estima que se han generado 26 millones de toneladas de escombros. Según un nuevo informe del Banco Mundial publicado el pasado martes, la guerra israelí en la Franja de Gaza ha causado daños a las infraestructuras de Gaza estimados en unos 18,5 billones de dólares, lo que representa el 97% de la producción económica de la Cisjordania y Gaza ocupadas en el año 2022. Israel está acabando con la vida en Gaza.

Biden, partidario de la calma en la región, continúa con su política “telefónica” para abordar la rebelión de Israel y su esfuerzo por involucrar a Estados Unidos en una guerra ¿Regional o global? Si Estados Unidos no hubiera sido negligente desde el primer día de la guerra de represalia lanzada por Israel contra Gaza, no habríamos llegado al punto en donde estamos ahora, una guerra más amplia en la región. Parece ser que los llamamientos de Biden a Netanyahu y el veto contra el cese de fuego en el Consejo de Seguridad es la única solución estadounidense a este genocidio.

El silencio de la comunidad internacional sobre este tipo de crímenes es una evidencia clara y consistente del apoyo a la ocupación y del encubrimiento de los crímenes de genocidio que entran en su séptimo mes. Hay que considerar que lo que Israel está haciendo es un genocidio, son crímenes contra la población palestina. Nada justifica el silencio del Fiscal del Tribunal de Crímenes de Guerra y la falta de acción inmediata para tomar medidas legales, condenar y procesar la ocupación. Las declaraciones de condena no son suficientes ante la magnitud de los crímenes y desastres practicados y cometidos por el gobierno extremista violando el derecho internacional. Se deben tomar medidas prácticas sobre el terreno y enviar fuerzas internacionales para proteger a los palestinos y detener las masacres y la limpieza étnica; debemos trabajar para adoptar posturas serias, debe cesar la cobertura internacional, su apoyo e inmunidad para el Estado ocupante. Se está perpetrando un Genocidio en Gaza con la complicidad internacional.

Mahmoud Elalwani, embajador de Palestina en Bolivia

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