Kurt Yulow, un apasionado de la fotografía y la gastronomía, se ha convertido en un referente en Beni, fusionando arte y tradición para mostrar la riqueza cultural y culinaria de su tierra.
En el corazón de Trinidad, un joven con una cámara en mano y un sueño en el alma ha logrado transformar la percepción de la belleza y la gastronomía en Beni. Kurt Yulow, un nombre que resuena entre los emprendedores más innovadores de la región, ha dedicado su vida a capturar la esencia de su tierra y a elevarla a nuevas alturas. Desde sus inicios humildes hasta convertirse en un ícono del modelaje y la cocina, su historia es un testimonio de perseverancia y creatividad.
Kurt, cuyo nombre completo es Kurt Justiniano Yulow, comenzó su andanza en el mundo de la fotografía hace más de una década.
«Todo comenzó como un hobby», recuerda. En sus primeros pasos, mientras trabajaba en el Instituto Nacional de Estadística, recibió su primera cámara como un regalo especial.
Su prima, Liz Salantelo, le pidió que le hiciera unas fotos para su cumpleaños, y así, sin saberlo, Kurt se adentró en un universo que cambiaría su vida.
«Recibí 100 bolivianos por mi primer trabajo», dice con una sonrisa nostálgica. «Fue publicado en un periódico local, y eso me motivó a seguir adelante». En poco tiempo, su talento fue reconocido, y se convirtió en el fotógrafo oficial de Trini Fashion, una plataforma donde pudo explorar su pasión por la moda y la belleza.
Kurt no solo se limitó a la fotografía; su curiosidad lo llevó a profundizar en el mundo de los concursos de belleza. Desde niño, había estado rodeado de mujeres hermosas en su familia, lo que despertó en él un deseo de entender qué se necesitaba para que una mujer brillara en el escenario.
«Siempre me preguntaba qué faltaba para que mis primas llegaran más lejos», dice. Así, comenzó a preparar a las señoritas trinitarias para que se presentaran en certámenes de belleza, creando un espacio donde la cultura y la tradición pudieran ser celebradas.
A través de su trabajo, Kurt ha logrado visibilizar la diversidad de la belleza boliviana, un aspecto que considera fundamental.
«Cuando viajaba, la gente no podía creer que algunas de nuestras modelos eran bolivianas. Siempre pensaban que eran venezolanas o colombianas», explica. Esta percepción errónea lo impulsó a crear el Certamen Reina de la Tradición, un evento que no solo celebra la belleza, sino que también promueve la cultura local.
El camino de Kurt no ha estado exento de desafíos. En 2019, tras la muerte de su abuela, enfrentó una profunda depresión que lo llevó a alejarse de la fotografía.
«Fue un año difícil», confiesa. Durante ese tiempo, su madre, quien había estado vendiendo picante de pollo, lo animó a ayudarla en el negocio familiar.
«Nunca pensé que me gustaría la cocina, pero descubrí que hacer feliz a la gente es lo que realmente me mueve», dice con sinceridad.
El picante, un plato típico de Trinidad, se convirtió en su nueva pasión. «Cada viernes, la gente espera con ansias el picante», cuenta. A medida que el negocio crecía, Kurt decidió combinar sus dos pasiones: la fotografía y la gastronomía.
«Empecé a documentar todo el proceso de preparación de los platos, creando una conexión visual entre la comida y la cultura», afirma.
Este enfoque no solo le permitió mantener viva su pasión por la fotografía, sino que también ayudó a dar visibilidad a la rica tradición culinaria de su región.
Con el tiempo, su esfuerzo dio frutos. En 2021, Kurt se trasladó a Santa Cruz, donde expandió su negocio de picante.
«Estuve buscando un local durante un año, y finalmente lo encontré», relata. Su madre, siempre a su lado, se unió a él en esta nueva aventura.
«Abrimos los jueves, viernes, sábados y domingos, y la aceptación fue increíble», dice emocionado. La combinación de su talento en la cocina y su habilidad para captar momentos a través de la cámara atrajo a un público diverso, ansioso por experimentar la autenticidad del picante trinitario.
Kurt ha logrado establecer una marca que no solo representa la gastronomía de su tierra, sino que también promueve la identidad cultural de Beni.
«La gente viene de diferentes partes solo para probar nuestro picante», dice con orgullo. Además, ha mantenido su pasión por la fotografía, utilizando sus habilidades para resaltar la belleza de sus platos y el ambiente en el que se sirven.
«No solo se trata de comida; se trata de contar una historia», afirma.
Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Kurt ha tenido que enfrentarse a la competencia y a los desafíos económicos que conlleva ser emprendedor.
«Hubo momentos en los que pensé en rendirme, pero siempre recordaba por qué empecé», confiesa. Su determinación y amor por su tierra lo han llevado a superar obstáculos y a seguir innovando. «Cada día es una oportunidad para aprender y mejorar», dice con convicción.
Hoy en día, Kurt Yulow es un nombre conocido en el ámbito de la moda y la gastronomía en Bolivia. Su historia es un ejemplo de cómo la pasión y la dedicación pueden transformar vidas y comunidades.
«El Beni necesita más emprendedores que muestren lo que realmente somos», concluye. A través de su trabajo, Kurt continúa abriendo puertas para otros jóvenes en su comunidad, inspirándolos a seguir sus sueños y a celebrar la riqueza cultural de su región.
Kurt ha establecido conexiones con otros emprendedores y ha colaborado en proyectos que buscan impulsar la economía local.
«Es importante que trabajemos juntos para promover lo que tenemos», dice. Su visión va más allá de su propio éxito; busca crear un impacto positivo en su comunidad y fomentar un sentido de unidad entre los emprendedores de Beni.
La historia de Kurt Yulow es una invitación a explorar la belleza y la diversidad de Bolivia. Su enfoque en la fotografía y la gastronomía no solo ha elevado su carrera, sino que también ha contribuido a la valorización de la cultura beniana.
«Quiero que la gente vea lo que tenemos aquí, que aprecien nuestra identidad», afirma con pasión. Con cada plato que sirve y cada imagen que captura, Kurt continúa tejiendo una narrativa rica y vibrante sobre su tierra.
A medida que avanza en su carrera, Kurt sigue soñando en grande. «Quiero llevar el picante a otros lugares, mostrarle al mundo lo que somos capaces de hacer», dice con determinación. Su ambición es un reflejo de su amor por Beni y su deseo de compartir su cultura con el mundo.
Con cada paso que da, Kurt Yulow se convierte en un embajador de la belleza y la gastronomía de su tierra, demostrando que, con pasión y esfuerzo, es posible transformar la realidad y dejar una huella duradera.














