GRACIAS VERDE: ORGULLO QUE DUELE, CORAZÓN QUE NO SE RINDE

Bolivia cayó 2-1 ante Irak en Monterrey, luchó hasta el final y quedó fuera del Mundial 2026. La entrega del equipo dejó una imagen digna, respaldada por esfuerzo colectivo y coraje.


La madrugada en Estadio BBVA dejó una herida abierta, pero también una certeza: esta Bolivia no negocia su dignidad. La derrota por 2-1 frente a Selección de Irak selló la eliminación del camino hacia el Mundial de Copa Mundial de la FIFA 2026, pero no borró la imagen de un equipo que compitió con carácter, decisión y convicción.
El equipo dirigido por Óscar Villegas jugó con el alma. Lo dicen los números, pero sobre todo lo grita el desarrollo del partido: dominio de balón, insistencia ofensiva y una voluntad que nunca se quebró, ni siquiera cuando el marcador obligaba a remar contra corriente.
El golpe inicial llegó temprano. A los 9 minutos, Ali Al-Hamadi aprovechó una jugada a balón parado para abrir el marcador. Fue un inicio cuesta arriba, condicionado por una desatención en salida que terminó costando caro. Bolivia sintió el impacto, pero no se desordenó. Se reorganizó con temple.
A partir de ahí, el protagonismo cambió de dueño. La Verde se adueñó de la pelota, empujó a Irak hacia su propio campo y comenzó a construir el empate con paciencia. Ramiro Vaca asumió la conducción y empezó a inquietar desde media distancia, mientras la presión colectiva asfixiaba al rival.
El premio llegó a los 38 minutos. Moisés Paniagua apareció con oportunismo y técnica dentro del área para decretar el 1-1. El grito fue liberador, una descarga emocional que reflejaba lo que pasaba en la cancha. “No bajamos los brazos nunca, sabíamos que podíamos empatarlo”, expresó el propio Paniagua tras el encuentro.
Bolivia cerró el primer tiempo en alto nivel. Generó opciones, exigió al arquero Ahmed Basil y dejó la sensación de que el segundo gol estaba más cerca del lado nacional que del asiático.
Sin embargo, el fútbol castiga los detalles. Y en el inicio del complemento, otra imprecisión en salida terminó inclinando la balanza. A los 53 minutos, Aymen Hussein capitalizó un centro desde la izquierda para poner el 2-1 definitivo.
El marcador no reflejaba la actitud del partido, pero sí evidenciaba la contundencia rival. Bolivia volvió a reaccionar. No se resignó. Con variantes desde el banco, el equipo buscó nuevas rutas. Fernando Nava aportó desequilibrio, mientras Miguel Terceros insistió por las bandas.
“Este grupo dejó todo, nadie puede reprochar la entrega”, señaló Villegas en conferencia. Y no fue una frase vacía. Fue la síntesis de lo que se vio: un equipo que presionó, que corrió, que intentó hasta el último suspiro.
Las cifras acompañan esa lectura. Bolivia tuvo mayor posesión, más aproximaciones y control territorial durante largos pasajes del encuentro. Irak, en cambio, fue clínico: dos errores, dos goles.
En los minutos finales, la Verde empujó con orgullo. Nava volvió a probar desde fuera del área y obligó a una intervención clave de Basil. Cada avance era un acto de fe. Cada pelota disputada, una declaración de principios.
El pitazo final no solo marcó el cierre del partido. Confirmó la eliminación. Mientras Irak celebraba su regreso a una Copa del Mundo después de dos décadas, Bolivia se quedó con las manos vacías, pero con la frente en alto.

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