España cerró un torneo impecable con una actuación colectiva de alto nivel, venció a Argentina en la prórroga y escribió una nueva página en la historia del fútbol mundial.
España volvió a instalar su nombre entre las grandes potencias del fútbol. Lo hizo con una victoria trabajada, sostenida por el orden táctico, la disciplina colectiva y una defensa que anuló durante más de dos horas al vigente campeón del mundo. El triunfo por 1-0 sobre Argentina, definido en la prórroga gracias a un gol de Ferran Torres, le entregó a la selección dirigida por Luis de la Fuente su segundo título mundial, dieciséis años después de la consagración alcanzada en Sudáfrica 2010.
La final, disputada en el MetLife Stadium, en las afueras de Nueva York, quedó marcada por una batalla estratégica. España monopolizó la posesión durante largos pasajes del encuentro y redujo al mínimo las oportunidades ofensivas de la Albiceleste. El dato refleja con claridad el dominio europeo: Argentina no consiguió registrar un solo remate entre los tres palos durante los más de 120 minutos de juego.
La noche también tuvo un profundo contenido simbólico. Lionel Messi, de 39 años, afrontó el que él mismo había anticipado como su último partido en una Copa del Mundo. El capitán argentino buscaba despedirse con un segundo campeonato consecutivo, después del obtenido en Catar 2022, pero encontró enfrente a un rival que cerró todos los espacios y le impidió gravitar como en otras jornadas del torneo.
Luis de la Fuente preparó un planteamiento que funcionó desde el primer minuto. España presionó alto cuando el partido lo permitió, administró el balón con paciencia y mostró una estructura defensiva prácticamente inexpugnable. Cada intento argentino fue neutralizado antes de transformarse en una amenaza real para la portería defendida por Unai Simón.
La resistencia albiceleste tuvo un nombre propio: Emiliano «Dibu» Martínez. El arquero sostuvo a su equipo con intervenciones decisivas durante el tiempo reglamentario y buena parte del alargue. Sus reflejos evitaron que España rompiera la igualdad mucho antes, manteniendo abierta una final que parecía inclinarse lentamente hacia el conjunto europeo.
El desenlace llegó en el minuto 106. Ferran Torres, ingresado como variante para refrescar el ataque español, encontró un espacio dentro del área y descargó un potente remate que dejó sin respuesta al guardameta argentino. El estadio explotó con un festejo que recordó inevitablemente el histórico tanto de Andrés Iniesta frente a Países Bajos en la final de Sudáfrica 2010, cuando España conquistó su primera estrella.
El gol modificó definitivamente el partido. Argentina, además, afrontó la recta final con un hombre menos tras la expulsión de Enzo Fernández durante la prórroga. Ni siquiera el ingreso tardío de Lautaro Martínez, quien había sido decisivo en la semifinal, alcanzó para alterar el desarrollo de una final controlada por el campeón.
La consagración confirmó el crecimiento sostenido de una generación que había mostrado señales de madurez durante todo el campeonato. España combinó juventud, experiencia y una identidad futbolística que le permitió superar cada ronda sin renunciar a su estilo. La solidez defensiva, uno de sus principales argumentos a lo largo del Mundial, volvió a convertirse en el factor determinante en el encuentro más importante del certamen.
La victoria también consolidó la hegemonía reciente del fútbol europeo en la Copa del Mundo. Desde Alemania 2006, cinco de las últimas seis ediciones fueron conquistadas por selecciones del continente: Italia, España, Alemania, Francia y nuevamente España. La única excepción fue Argentina, campeona en Catar 2022.
Con esta nueva estrella, el seleccionado español alcanzó dos títulos mundiales e ingresó en el grupo de países con más de una consagración, junto a Argentina, Francia y Uruguay. El liderazgo histórico continúa en poder de Brasil, con cinco campeonatos, seguido por Alemania e Italia, ambos con cuatro.
La celebración continuará en Madrid. Las autoridades españolas anunciaron un amplio operativo para recibir a los campeones. El plantel tiene previsto aterrizar en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y posteriormente recorrer las principales avenidas de la capital en un autobús descubierto. El recorrido concluirá en la Plaza de Cibeles, escenario tradicional de los festejos deportivos, donde miles de aficionados aguardarán la llegada de los jugadores. El dispositivo contempla la participación de más de dos mil efectivos policiales y centenares de agentes de la Guardia Civil para garantizar la seguridad durante la jornada.
Desde la Casa Real también llegó el reconocimiento. El rey Felipe VI, presente en la final junto a integrantes de la Familia Real, felicitó al equipo mediante un mensaje público en el que destacó el recorrido realizado por el plantel. «Hoy celebramos un título; mañana recordaremos una leyenda», expresó el monarca, antes de valorar «el esfuerzo, el sacrificio, la constancia y la entrega ejemplar en cada partido». Asimismo, extendió el reconocimiento al cuerpo técnico encabezado por Luis de la Fuente y a toda la afición española.
España encontró en Nueva York una noche destinada a permanecer en su memoria futbolística. Con paciencia, inteligencia táctica y una actuación colectiva de alto nivel, dejó sin respuestas al campeón vigente y escribió un nuevo capítulo entre las grandes selecciones que marcaron una época en la historia de los Mundiales.
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