EL VOTO NULO Y BLANCO PUEDE CAMBIAR EL PODER EN EL LEGISLATIVO

Ago 10, 2025

En Bolivia, cada sufragio sin validez se convierte en un impulso silencioso para quien lidera la votación, modificando el reparto de escaños y fortaleciendo mayorías políticas sin que el ciudadano lo perciba.

Por Marco Antonio Santivañez Soria
Periodista
RED DE PERIÓDICOS AMAZÓNICOS

En las elecciones generales bolivianas, el ciudadano tiene varias formas de expresar su voluntad: apoyar a un candidato, abstenerse, anular su voto o dejar la papeleta en blanco. Para muchos, las dos últimas opciones son un grito de inconformidad. Sin embargo, detrás de ese gesto se esconde un efecto numérico que puede reforzar justamente a quien se pretendía cuestionar.

La Ley del Régimen Electoral (Ley 026) establece que, para el cálculo de porcentajes y la distribución de escaños en la Asamblea Legislativa Plurinacional, únicamente se consideran los votos válidos. Esto significa que los nulos y blancos, aunque se registren, se excluyen de la fórmula final.

Esta regla jurídica crea una consecuencia aritmética particular: al reducirse el universo de votos contados, el porcentaje del partido más votado aumenta. Y ese aumento, aunque parezca mínimo, se traduce en más poder parlamentario.

Tomemos un ejemplo sencillo. Si en una elección participan 1.000.000 de votantes, pero 200.000 eligen anular o dejar en blanco su papeleta, el cálculo se hace sobre los 800.000 votos válidos restantes. Si el candidato líder tiene 450.000 sufragios, su porcentaje pasa del 45% al 56,25%. Es decir, sin sumar un solo voto adicional, su fuerza porcentual crece.

En la segunda etapa del conteo, cuando se reparten los 130 diputados y 36 senadores mediante el sistema D’Hondt, este incremento porcentual se convierte en ventaja. Cuanto mayor es el porcentaje del puntero sobre votos válidos, mayor es su capacidad de obtener escaños, tanto en las circunscripciones plurinominales como en la asignación de senadores por departamento.

El vocal del Tribunal Supremo Electoral, Tahuichi Quispe, lo resumió con un ejemplo extremo: en un universo de 10 votos, si 4 son nulos o blancos y el “candidato A” tiene 3 de los 6 válidos, su porcentaje sube del 30% al 50% simplemente porque se excluyeron los votos no válidos. “Al final, los votos nulos ponderan a los votos válidos y terminan favoreciendo a quien encabeza la votación”, sostuvo en entrevista con DTV.

Pese a esto, algunos actores políticos han incentivado el voto nulo como forma de protesta. Evo Morales ha argumentado que un alto porcentaje de votos nulos o blancos equivaldría a una especie de “revocatorio” simbólico. Sin embargo, especialistas y candidatos de distintos frentes advierten que esa estrategia no debilita al ganador, sino que fortalece su control en el Legislativo.

El presidente Luis Arce, junto a otros aspirantes a la presidencia, ha insistido en que el voto nulo “solo beneficia a quien lidera”. La explicación es sencilla: cada voto no válido reduce la competencia real y amplía el margen del primero, lo que se traduce en más curules y un Congreso menos equilibrado.

Los analistas electorales coinciden en que este patrón se repite elección tras elección. Mientras más crece el número de nulos y blancos, la oposición pierde representación y el partido puntero consolida mayorías más cómodas para aprobar leyes, designar autoridades y tomar decisiones clave sin grandes obstáculos.

En un sistema democrático, el equilibrio de poderes es esencial para garantizar el debate y la fiscalización. Pero cuando una sola fuerza política logra una mayoría amplia en la Asamblea Legislativa, el control parlamentario se reduce. Es aquí donde el ciudadano que votó nulo creyendo estar desafiando al sistema, sin saberlo, contribuyó a reforzarlo.

La matemática electoral es fría, pero sus consecuencias son profundamente políticas. En Bolivia, cada voto válido, nulo o blanco, forma parte de un engranaje que define no solo quién será presidente, sino también cómo estará compuesto el Parlamento. Y en ese tablero, los nulos y blancos, lejos de ser neutros, se convierten en fichas silenciosas que inclinan la balanza hacia quien ya lleva ventaja.

Por eso, expertos en comportamiento electoral insisten en que el votante debe entender no solo el mensaje político que quiere dar, sino también el efecto práctico que tendrá su decisión en la distribución del poder. Un voto nulo puede parecer un acto de rebeldía, pero en el conteo final puede ser la llave que abra las puertas de una mayoría absoluta para el partido en el poder.