Durante 17 horas de cocción continua, Trinidad vivió una celebración sin precedentes: se cocinaron 50 reses enteras y se distribuyeron más de 10 mil porciones gratuitas en una jornada marcada por la identidad, la tradición y la generosidad colectiva.
Trinidad volvió a latir con fuerza los días 15 y 16 de junio con la celebración de la Chope Asawo del Bicentenario, una de las manifestaciones más poderosas de la cultura beniana.
En un despliegue sin igual de logística, coordinación y entrega comunitaria, el evento tuvo como eje la cocción de 50 reses enteras durante 17 horas continuas sobre enormes bases sobre la leña, un hito que permitió entregar más de 10.000 platos gratuitos a la ciudadanía.
La fiesta comenzó la noche del domingo 15, cuando las primeras brasas comenzaron a encenderse en el Cambódromo, convertido por una noche en el corazón ardiente de la tradición trinitaria. Desde distintos rincones del país —e incluso desde el exterior— llegaron equipos de asadores profesionales para participar en el ritual que cada año reivindica la memoria viva de un pueblo orgulloso de su identidad.
“Esto no es solo carne, es historia viva. Es cumplir un sueño, el de Kalimán, de asar 50 reses para el pueblo. Vamos por el segundo año y ya marcamos un récord mundial”, expresó emocionado el alcalde de Trinidad, Cristhian Cámara, principal impulsor de esta versión del evento, que duplicó las 25 reses del año anterior.
Las reses, donadas por empresarios ganaderos, instituciones y ciudadanos solidarios, fueron cuidadosamente preparadas desde el anochecer del domingo hasta el mediodía del lunes. A las 13:00 del día 16, comenzaron a servirse las porciones, en medio de una multitud que aguardaba con paciencia y alegría. Familias enteras, jóvenes, adultos mayores, todos se acercaron con platos y recipientes improvisados.
Lidia Antelo, vecina del barrio Paitití, compartió su emoción: “Vengo como el año pasado con mi familia. Es una experiencia única. Comemos, nos reencontramos con los vecinos, celebramos nuestro feriado como se debe, en comunidad”.
La distribución fue impecable. Cientos de trabajadores municipales guiaron a la gente, repartieron porciones y cuidaron que todos pudieran llevarse su parte. La escena, más allá del acto gastronómico, fue una muestra conmovedora de organización popular.
“El Chope Asawo no es solo una fiesta de fuego, es también un acto de solidaridad y resistencia”, afirmó Kalimán, uno de los asadores más reconocidos del país, y figura clave en esta cruzada por revalorizar el patrimonio gastronómico local.
La jornada también incluyó espectáculos musicales y bailes populares, en una mezcla perfecta de aromas, ritmos y sabores.
Las cumbias resonaron hasta el anochecer, mientras las filas seguían avanzando, los aplausos se multiplicaban y las mesas se vaciaban a medida que se llenaban los corazones.
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje a los asadores. En ese marco, destacó la presencia de Paulo Picanha, asador brasileño que ostenta un Récord Guinness por el asado de costillas más grande del mundo —18 toneladas en Paraná—. “Esto es único en el mundo. No es por cantidad de carne, sino por el acto mismo de asar reses enteras, algo que no se ve en ningún otro lugar. Es emocionante”, declaró Picanha, que se sumó a los trabajos con entusiasmo.
Más allá del espectáculo visual y gustativo, el evento deja un mensaje profundo. “Ver a tantos trabajando para que otros coman sin pagar un peso, ver a la gente haciendo fila sin egoísmo, es lo que más nos enorgullece como benianos”, reflexionó Cámara, quien además anunció que el próximo año se buscará superar la cifra con 60 reses asadas.
Detrás del éxito, hubo una rigurosa planificación de la Alcaldía de Trinidad en coordinación con la Asociación de Asadores del Beni, y una red de ciudadanos que se sumaron como voluntarios. Desde la instalación de parrillas hasta los controles sanitarios, nada fue improvisado. Cada detalle fue cuidado con meticulosidad, para garantizar no solo el sabor, sino también la seguridad y el orden.
“Estamos demostrando que cuando nos unimos, podemos lograr cosas grandes. A pesar de las dificultades que enfrenta nuestra región, esta fiesta nos recuerda de dónde venimos y lo que podemos lograr si trabajamos juntos”, destacó Kaliman, con los ojos brillosos tras más de 15 horas junto al fuego.
Al cierre del evento, las cenizas todavía humeaban, pero el espíritu del Chope Asawo permanecía encendido. No fue solo una comida masiva, fue una declaración de identidad, un acto de resistencia cultural frente al olvido, y una reafirmación del valor de la comunidad. Como cada Chope Piesta, el Beni volvió a decir presente, con carne, música y corazón.
La jornada terminó con una lluvia que fue tomada como una bendición a todo el trabajo que se desarrolló antes, durante y después del evento.


