El canciller boliviano respalda la obra fronteriza chilena y pide respeto a decisiones soberanas, mientras exmandatarios y líderes políticos advierten señales de tensión diplomática y cuestionan la postura oficial.
La defensa cerrada del canciller Fernando Aramayo a la construcción de una zanja en la frontera norte de Chile provocó una inmediata reacción en el escenario político boliviano, donde exmandatarios y líderes opositores calificaron la medida como una señal hostil que no puede ser minimizada.
Aramayo optó por respaldar públicamente la decisión del gobierno chileno, argumentando que se trata de una determinación soberana. “Somos respetuosos de las decisiones soberanas de los estados. Eso pedimos también, que no se cuestione las decisiones soberanas de nuestro gobierno”, afirmó ante medios de comunicación, en una postura que busca evitar fricciones diplomáticas en un momento delicado de acercamiento bilateral.
La posición del jefe de la diplomacia boliviana contrasta con las críticas expresadas por los expresidentes Evo Morales, Eduardo Rodríguez Veltzé y Jorge Quiroga, quienes coincidieron en advertir que la obra chilena —una zanja de gran extensión reforzada con presencia militar— transmite un mensaje poco amistoso hacia los países vecinos. A estas observaciones se sumó el empresario y político Samuel Doria Medina, quien también expresó reparos frente a la medida.
El canciller insistió en que la prioridad del Gobierno boliviano es preservar los canales diplomáticos abiertos con Chile. “Si el Presidente Kast y su Gobierno consideran que es una forma de dar seguridad a su país, de evitar que la criminalidad cruce fronteras, somos respetuosos de ello”, sostuvo, en referencia a José Antonio Kast, quien recientemente impulsó el proyecto como parte de su política de control migratorio.
Desde la Cancillería se remarcó además que la obra no vulnera acuerdos internacionales vigentes. Aramayo fue enfático al señalar que la intervención se realiza íntegramente en territorio chileno, descartando cualquier afectación al Tratado de 1904. “Están resguardando todos los principios que asisten a este tratado”, puntualizó, buscando desactivar cuestionamientos jurídicos que comenzaron a circular en el ámbito político.
Mientras tanto, el gobierno boliviano apuesta por sostener el diálogo bilateral como mecanismo para evitar un deterioro mayor en la relación. El propio canciller anunció que en los próximos días prevé reunirse con su par chileno para dar continuidad a las conversaciones iniciadas. “Hemos anunciado establecer un diálogo diplomático, que se está construyendo”, indicó, dejando abierta la posibilidad de acuerdos en temas de seguridad y frontera.
La construcción de la zanja, que forma parte de un amplio despliegue de infraestructura y control militar en el norte chileno, ya se encuentra en ejecución. El proyecto apunta a frenar el ingreso irregular de migrantes, una problemática que ha cobrado fuerza en la agenda regional. Sin embargo, en Bolivia, el tema ha trascendido el ámbito técnico y se ha instalado como un punto de fricción política interna, con cuestionamientos directos a la postura adoptada por la Cancillería.
Las declaraciones cruzadas reflejan una tensión evidente entre la estrategia diplomática del Ejecutivo y la lectura crítica de figuras políticas de peso, que ven en la medida chilena un gesto que merece una respuesta más firme desde el Estado boliviano.
