La Verde revirtió un partido complejo ante Surinam en Monterrey, ganó 2-1 con personalidad y jugará el martes 31 de marzo ante Irak el duelo definitivo por un lugar en el Mundial 2026.
Bolivia no negoció su identidad ni cuando el partido se le puso cuesta arriba. En una noche exigente, marcada por la tensión y los detalles, la Selección nacional venció 2-1 a Surinam en el estadio BBVA de Monterrey y avanzó a la final del repechaje mundialista. El resultado no fue casualidad: respondió a un plan sostenido, a la lectura correcta de los momentos y a la capacidad de golpear en el instante preciso.
El inicio mostró con claridad los papeles. Bolivia asumió la iniciativa, se adueñó del balón y buscó progresar desde la circulación. Ramiro Vaca se posicionó como eje en la mitad, conectando líneas y marcando el ritmo, mientras por las bandas Roberto Carlos Fernández y Diego Medina ofrecían amplitud y profundidad. El equipo de Óscar Villegas planteó un partido de control territorial, intentando arrinconar a su rival y desgastarlo con posesión.
Surinam respondió con una estructura compacta. Replegado en su campo, priorizó el orden defensivo y apostó por salidas rápidas, principalmente a través de envíos largos desde su arquero Etienne Vaessen. La referencia ofensiva fue Gyrano Kerk, que utilizó su potencia para ganar duelos individuales y buscar espacios a espaldas de la defensa boliviana.
La primera llegada clara fue de la Verde. A los 14 minutos, Luis Haquin conectó de cabeza tras un tiro de esquina ejecutado por Vaca, pero el balón salió desviado. Poco después, Medina desbordó por derecha y lanzó un centro peligroso que Enzo Monteiro no alcanzó a impactar por escasos centímetros. Bolivia insistía, dominaba el juego, pero no encontraba la precisión en el último toque.
Surinam, con menos posesión, generó la situación más peligrosa del primer tiempo. A los 29 minutos, Kerk recibió un envío largo, superó su marca y asistió a Joel Piroe, que definió fuera pese a tener el arco a disposición. La acción expuso un riesgo latente: la defensa boliviana quedaba expuesta cuando el rival encontraba espacios en transición.
El desarrollo se mantuvo en esa lógica. Bolivia con la pelota, Surinam esperando el momento para atacar. Guillermo Viscarra intervino en una jugada determinante a los 35 minutos, al contener un remate a corta distancia dentro del área. La respuesta del arquero sostuvo el equilibrio en un tramo donde el rival había ganado protagonismo.
El cierre de la primera mitad no modificó el marcador. Bolivia acumuló posesión y presencia ofensiva, pero sin contundencia. Surinam, en cambio, dejó claro que podía lastimar con pocas acciones.
El segundo tiempo cambió el escenario de manera inmediata. A los 47 minutos, Surinam abrió el marcador tras una jugada dentro del área en la que Liam van Gelderen aprovechó una serie de rebotes para empujar el balón al fondo de la red. La desventaja obligó a Bolivia a replantear sin perder su estructura.
La reacción no fue impulsiva, sino progresiva. Bolivia mantuvo la circulación, adelantó líneas y buscó mayor presencia en el área rival. Monteiro tuvo una oportunidad de cabeza a los 54 minutos, pero su intento se fue desviado. A los 64, Terceros probó desde media distancia y encontró la respuesta del arquero Vaessen.
El partido entró en una fase de presión sostenida por parte de la Verde. La insistencia comenzó a inclinar el campo, con Surinam cada vez más replegado. En ese contexto, los cambios introducidos por Villegas tuvieron impacto directo en el desarrollo.
A los 72 minutos llegó el empate. Tras una acción dentro del área, la pelota quedó suelta y Moisés Paniagua, que había ingresado minutos antes, definió con rapidez para establecer el 1-1. La jugada reflejó oportunismo y lectura del espacio en una zona congestionada.
El gol modificó el impulso del partido. Bolivia ganó confianza y aumentó la intensidad en ataque. Surinam retrocedió aún más, intentando sostener el empate. La presión boliviana encontró premio a los 77 minutos, cuando Diego Medina desbordó y la jugada derivó en una infracción dentro del área. El árbitro sancionó penal.
Miguel Terceros asumió la responsabilidad. A los 79 minutos ejecutó con precisión, enviando el balón lejos del alcance del arquero y marcando el 2-1. La remontada se concretaba en un tramo de máxima exigencia, con eficacia en las dos acciones determinantes.
Los minutos finales exigieron gestión y concentración. Bolivia ajustó líneas, redujo espacios y priorizó el orden defensivo. El ingreso de Diego Arroyo reforzó la zaga, permitiendo sostener la ventaja ante un rival que buscó el empate con envíos directos y presión alta.
Surinam intentó generar peligro, pero no logró romper la estructura boliviana. La Verde controló los tiempos, evitó riesgos innecesarios y sostuvo el resultado hasta el final. El pitazo definitivo confirmó una victoria trabajada, construida desde la persistencia y la eficacia.
El análisis del encuentro deja varios elementos. Bolivia logró imponer su idea durante gran parte del partido, con dominio del balón y presencia en campo rival. Sin embargo, también concedió oportunidades en transiciones, un aspecto que deberá ajustar de cara al siguiente compromiso.
La respuesta tras el gol recibido evidenció madurez. El equipo no perdió orden ni se precipitó, mantuvo el plan y encontró los espacios a partir de la insistencia. La influencia de los cambios, especialmente el ingreso de Paniagua, aportó frescura y efectividad en el momento clave.
Con este resultado, Bolivia avanzó a la instancia final del repechaje. El próximo desafío será ante Irak, el martes 31 de marzo a las 23:00 (hora boliviana), nuevamente en Monterrey. El ganador accederá al Grupo I del Mundial 2026, donde ya están Francia, Senegal y Noruega.





















