BOLÍVAR EMPATA EN CASA Y DEJA DUDAS SERIAS EN LA LIBERTADORES

Un error del arquero rival salvó a Bolívar de una derrota en el Hernando Siles, donde La Guaira impuso orden, carácter y dejó al equipo paceño sin respuestas claras.


La noche debía ser de reivindicación, pero terminó convertida en una señal de alarma. Bolívar no logró imponer condiciones en casa y apenas rescató un empate 1-1 frente a Deportivo La Guaira, en la segunda jornada del Grupo C de la Copa Libertadores. El resultado, lejos de aliviar, expone carencias futbolísticas que empiezan a inquietar a su gente.
El inicio del encuentro mostró a un equipo celeste sin profundidad ni claridad. La visita entendió rápido el libreto: cerrar espacios, presionar en bloque y obligar a los locales a jugar incómodos. Cada intento de progresión de Bolívar chocaba contra una estructura sólida, bien trabajada, que reducía al mínimo las posibilidades de generar peligro.
Mientras el local buscaba sin convicción, el conjunto venezolano golpeó con precisión. La jugada nació desde los pies de Alí Meza, quien avanzó sin oposición por la banda izquierda ante una defensa pasiva. Levantó la mirada y asistió hacia atrás, donde apareció Flabian Londoño para definir con categoría. Carlos Lampe quedó estático, sorprendido, reclamando una infracción inexistente. Era el 0-1 y el silencio se instalaba en el Hernando Siles.
El golpe desnudó la falta de reacción inmediata. Bolívar no encontraba caminos, abusaba del pelotazo y mostraba desconexión entre líneas. Ni Martín Cauteruccio ni Dorny Romero lograban pesar en ofensiva durante ese tramo. El equipo se iba al descanso sin respuestas y con la sensación de estar siendo superado desde lo táctico.
En la segunda mitad, la urgencia empujó a los dirigidos por Flavio Robatto a adelantar líneas, pero sin orden ni precisión. El partido cambió parcialmente a los 63 minutos, cuando Rafael Arace vio la tarjeta roja tras una entrada fuerte. Con un hombre más, el escenario parecía ideal para una remontada.
Sin embargo, la superioridad numérica no se tradujo en dominio real. Bolívar insistía, pero lo hacía sin ideas claras, repitiendo centros previsibles y sin encontrar asociaciones en el último tercio. Jorge Sánchez, arquero visitante, apenas era exigido. El reloj avanzaba y la frustración crecía en las tribunas.
Cuando la derrota parecía inevitable, apareció un instante de viveza individual. A los 78 minutos, Sánchez intentó salir jugando sin advertir la presencia de Romero a su espalda. El delantero dominicano reaccionó con rapidez, le robó el balón y definió de media vuelta para decretar el 1-1. No fue una construcción colectiva, sino un error capital aprovechado con oportunismo.
El empate no cambió el panorama futbolístico. En los minutos finales, Bolívar careció de argumentos para buscar la victoria. El impulso anímico del gol no se tradujo en juego ni en situaciones claras. La Guaira, incluso con diez hombres, sostuvo el orden y cerró el partido sin sobresaltos.
El resultado deja a Bolívar en una posición incómoda dentro del grupo, con apenas un punto en dos presentaciones. Más allá del marcador, la preocupación pasa por el rendimiento: un equipo que no logra imponer condiciones en casa, que sufre ante rivales organizados y que depende de errores ajenos para rescatar resultados.
El próximo desafío será frente a Fluminense, nuevamente en La Paz. Allí no alcanzarán las avivadas ni los accidentes del juego. Hará falta fútbol, carácter y respuestas que, hasta ahora, no aparecen.

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