PRIMERO DE MAYO SE DERRUMBA Y BENI SIGUE ESPERANDO

La tarde que parecía hecha para seguir soñando terminó en silencio. Primero de Mayo cayó en Trinidad, quedó fuera de la Copa Simón Bolívar y volvió a aplazarse la esperanza de ver al Beni en el fútbol profesional.

El estadio Gran Mamoré estaba listo para una de esas jornadas que quedan grabadas en la memoria. Había expectativa, había ilusión y había una ciudad empujando desde las tribunas. Después del empate sin goles conseguido en Cochabamba, Primero de Mayo tenía la oportunidad de dar el paso más importante de su temporada. Sin embargo, la historia tomó otro rumbo.
El conjunto beniano perdió 3-0 frente a Tigres FC y quedó eliminado en los octavos de final de la Copa Simón Bolívar 2026. El resultado no solo cerró la participación del equipo, sino que también volvió a golpear una aspiración que se repite año tras año: que el Beni tenga un representante en la División Profesional del fútbol boliviano.
La derrota fue dura por la manera en que se produjo. Primero de Mayo llegaba con la serie abierta tras el 0-0 de la ida y tenía la ventaja de definir en casa, rodeado de su gente. Pero el equipo cochabambino aprovechó sus momentos, encontró los espacios y terminó llevándose una clasificación que dejó congelado al Gran Mamoré tras el pitazo final del árbitro.
Las imágenes posteriores al encuentro resumieron mejor que cualquier marcador lo ocurrido sobre el césped. Jugadores sentados sobre el campo, otros mirando al vacío y un público que permaneció varios minutos en las graderías intentando asimilar el desenlace. El sueño había terminado demasiado pronto.
Porque esta eliminación trasciende a un simple partido. Detrás de Primero de Mayo no solamente estaba la ambición de avanzar a los cuartos de final. Había una expectativa regional construida durante meses. Muchos seguidores veían en esta campaña una oportunidad real para acercarse a la máxima categoría del fútbol nacional.
La Copa Simón Bolívar es el único puente para alcanzar el profesionalismo. Por eso cada victoria alimenta ilusiones y cada derrota deja heridas profundas. En Trinidad, el domingo no se perdió únicamente una serie. También se perdió una posibilidad de seguir construyendo un camino que el departamento persigue desde hace varios años.
Durante gran parte de la campaña, Primero de Mayo había mostrado argumentos para competir. Consiguió avanzar fases exigentes, sostuvo buenos resultados y logró instalarse entre los mejores equipos del torneo. Sin embargo, en el momento decisivo no encontró respuestas.
La gran pregunta comenzó a escucharse apenas terminó el encuentro: ¿qué faltó?
Es una interrogante inevitable después de una eliminación tan dolorosa. Faltó convertir en casa. Faltó aprovechar una serie que llegó completamente abierta desde Cochabamba. Faltó sostener la tranquilidad cuando el marcador se puso cuesta arriba. Y probablemente faltó encontrar variantes para romper el planteamiento de un rival que entendió perfectamente cómo jugar este compromiso.
Tigres FC llegó a Trinidad con un libreto claro. Supo administrar los tiempos del partido, golpeó cuando tuvo oportunidades y terminó llevándose una victoria inapelable. Mientras tanto, Primero de Mayo fue perdiendo seguridad con el transcurso de los minutos. La presión por conseguir el resultado empezó a pesar más de la cuenta y el equipo terminó pagando un precio demasiado alto.
La frustración es comprensible. Desde hace años los hinchas esperan que alguno de sus representantes pueda completar el recorrido hasta la División Profesional. Cada nuevo proyecto genera expectativas y cada eliminación obliga a comenzar prácticamente desde cero.
Por eso el golpe sufrido por Primero de Mayo tiene un alcance mayor. El club era el último sobreviviente beniano en la competencia y cargaba sobre sus espaldas la representación de todo un departamento. El objetivo de seguir avanzando estaba directamente ligado a esa aspiración colectiva de acercar nuevamente al Beni al mapa principal del fútbol boliviano.

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