Conductores y mototaxistas de Cobija cruzan diariamente la frontera para cargar gasolina en Brasil. La reventa y las interminables filas agravaron el costo del transporte en la capital pandina.
Las estaciones de servicio de Epitaciolândia y Brasileia comenzaron a recibir a decenas de ciudadanos bolivianos que buscan combustible para seguir trabajando. La falta de gasolina en Cobija y el elevado precio impuesto por revendedores clandestinos empujaron a muchos conductores a cruzar la frontera en busca de una alternativa menos costosa.
La escena se volvió habitual en el norte amazónico del país. Motocicletas, mototaxis y vehículos particulares atraviesan el paso fronterizo apenas con los requisitos básicos de circulación para abastecerse en territorio brasileño. Mientras tanto, en los surtidores bolivianos persisten las largas filas y la incertidumbre por la llegada de carburantes.
La gasolina común en Brasil se comercializa a 7,20 reales y la premium a 7,50. Tomando en cuenta el cambio paralelo utilizado en Cobija, el precio continúa siendo menor que el combustible vendido ilegalmente en barrios y calles de la capital pandina. En esos puntos clandestinos, una botella de dos litros alcanza los 40 bolivianos.
“Mucha gente está yendo a comprar al lado brasilero, pero otros prefieren hacer su cola y esperar que llegue la gasolina”, contó Alberto Núñez, quien trabaja como mototaxista y depende del combustible para generar ingresos diarios.
El trabajador explicó que decidió cruzar la frontera porque ya no puede sostener los costos de la reventa. “Yo fui al otro lado, porque a estos maleantes de los revendedores no les voy a comprar”, manifestó.
La escasez también provocó un incremento en las tarifas del transporte urbano. Los mototaxistas dejaron de manejar precios estables y ahora negocian directamente con los pasajeros dependiendo de la distancia y del combustible disponible.
“Después de la subida de la gasolina, subimos a 8 bolivianos, pero ahora tenemos que ir a Brasil a comprar y ya no alcanza. Hay pasajeros que entienden y otros no”, relató Núñez.
Los viajes cortos se cobran entre 10 y 12 bolivianos, mientras que los trayectos más largos llegan a 20. El traslado al aeropuerto pasó de 15 a 25 bolivianos en pocos días. En el caso de vehículos particulares, algunos conductores ya cobran entre 50 y 70 bolivianos por recorridos extensos.
Cobija enfrenta uno de los escenarios más complicados del país debido a su dependencia del combustible para el transporte diario y al impacto inmediato que tiene la escasez en la economía local.


























