POLICÍA PERUANA MATA RAPERO EDUARDO RUIZ DURANTE PROTESTAS LIMA

Oct 17, 2025

El asesinato de Trvko conmueve Lima y moviliza artistas, familias y colectivos, mientras el Congreso debate censura a Jerí en un país marcado por la violencia y la indignación.

Lima amaneció con un silencio tenso, ese que antecede a los rumores de indignación colectiva. La Plaza de Francia, espacio que usualmente vibra con turistas y caminantes, se convirtió el miércoles 15 de octubre en escenario de un drama que nadie esperaba: la muerte de Eduardo Mauricio Ruiz Sáenz, conocido en la escena urbana como Trvko. El joven rapero de 32 años, hijo del barrio San Martín de Porres y referente del hip hop local, perdió la vida por un disparo mientras participaba en las protestas contra el Gobierno y el Congreso.

Quienes conocían a Eduardo destacan su compromiso con la música como herramienta de transformación social. Sus letras hablaban de lucha, de barrio, de injusticia y de sueños que parecían imposibles para muchos jóvenes limeños. Hoy, sus canciones “Osadía” y “Que Sopa” resuenan con un significado distinto, más profundo, mientras familiares, amigos y artistas del género buscan honrar su memoria.

El testimonio de sus compañeros presentes en la protesta revela detalles que estremecen. Según ellos, Eduardo fue alcanzado por un disparo de un agente vestido de civil, acompañado de dos mujeres. No se trató de disparos al aire: uno de los proyectiles impactó directamente en el pecho del rapero, provocando su muerte instantánea. En la escena quedaron tres casquillos que registran la violencia de ese momento, un testimonio silencioso de la tragedia que se desarrolló en plena vía pública.

La fiscalía confirmó que Eduardo Ruiz Sáenz falleció por un disparo en el tórax. Sus amigos y seguidores sostienen que aquel operativo no fue accidental ni improvisado, sino una agresión directa contra los jóvenes que se encontraban en la plaza. En redes sociales, la noticia se viralizó de inmediato, generando mensajes de solidaridad y apoyo a su familia, especialmente a su hijo de 10 años, quien ahora enfrenta la vida sin su padre.

El comandante general de la Policía Nacional del Perú, Oscar Arriola, informó que el responsable del disparo sería el suboficial Luis Magallanes, quien tras el hecho fue detenido mientras permanecía hospitalizado con politraumatismos. La noticia sobre la identidad del agresor no calma la indignación de quienes consideran que la fuerza pública actuó con exceso y falta de humanidad.

La muerte de Trvko no ocurre en un contexto aislado. Mientras Lima se conmocionaba por este hecho, el Congreso peruano debatía la moción de censura contra José Jerí, presidente de la mesa directiva del Parlamento y ahora mandatario por sucesión constitucional. La moción alegaba falta de legitimidad moral y cuestionamientos éticos por presuntos delitos de violación y enriquecimiento ilícito. Sin embargo, la iniciativa fue archivada horas después, dejando un sentimiento de frustración y desconcierto entre los ciudadanos que reclamaban responsabilidad política.

Las protestas contra Jerí, que buscan su renuncia y la elección de una nueva mesa directiva, se desarrollan en paralelo con la memoria de Eduardo Ruiz Sáenz. El presidente interino insistió en declaraciones a Canal N que su prioridad es mantener la estabilidad del país, apelando a la colaboración con distintos sectores para evitar que las tensiones se profundicen. Mientras tanto, la ciudadanía percibe que la violencia no solo es física, sino también institucional.

Colectivos de hip hop, organizaciones de derechos humanos y familiares convocaron a una vigilia el 16 de octubre, rindiendo homenaje a Trvko. En la plaza, velas y mensajes escritos a mano dan cuenta de la conexión emocional que el artista cultivó durante años con su barrio y con los jóvenes que lo veían como ejemplo. La vigilia, más que un acto simbólico, se convirtió en un espacio de encuentro donde la música, la memoria y la protesta se entrelazan.

En Lima, la tensión entre ciudadanía y autoridades sigue vigente. La violencia policial deja cicatrices que no se borran con discursos oficiales, y la sensación de injusticia alimenta la indignación que recorre calles, redes y hogares. Eduardo Ruiz Sáenz se convierte así en un símbolo involuntario de la lucha social, un rostro que representa la urgencia de diálogo, control institucional y respeto a la vida.