La participación electoral en Bolivia enfrenta un retroceso: nuevos votantes desinteresados, desconfianza institucional y conflictos en la inscripción de candidatos marcaron el proceso presidencial de 2025.
El ausentismo electoral volvió a ser protagonista en Bolivia. Los datos oficiales del cómputo preliminar, con un 95,82% de las actas procesadas, muestran que en las elecciones presidenciales de 2025 el ausentismo alcanzó el 17,47%. Esta cifra representa el nivel más alto en los últimos veinte años y evidencia un retroceso respecto a los comicios de 2019 y 2020, donde la abstención se mantuvo apenas por encima del 11%.
La historia democrática reciente del país muestra que la participación electoral ha sido un reflejo del clima político. Desde 1985, año en el que Bolivia retornó a las urnas tras dictaduras militares, los niveles de ausentismo han mostrado altibajos. En aquel proceso, la abstención alcanzó un 18,30%, cifra que fue creciendo hasta llegar al 33,28% en 2002, el punto más alto desde la recuperación democrática.
Con la llegada del Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP) en 2005, el ausentismo bajó drásticamente a 15,50%, una señal de renovación política. Cuatro años después, en 2009, se alcanzó el nivel más bajo de abstención con apenas un 5,46%, en el marco de la refundación del país como Estado Plurinacional.
Sin embargo, esa participación histórica no logró sostenerse en el tiempo. En 2014 la abstención subió a 12,15%, y en los procesos de 2019 y 2020 se mantuvo en torno al 11%. Ahora, el dato de 2025 rompe la tendencia de estabilidad, con un repunte que llama la atención.
Factores detrás del ausentismo
El nuevo ausentismo no puede explicarse únicamente como desinterés. Entre las causas más visibles destacan el desencanto de una parte de los nuevos votantes, que no encuentran representación en la actual oferta política, y la creciente desconfianza en las instituciones estatales.
A ello se suma el desgaste ocasionado por los problemas en la inscripción de candidatos y la anulación de otros postulantes durante el proceso electoral, situaciones que alimentaron una percepción de arbitrariedad. En este punto, distintos sectores sociales coinciden en que el conflicto no se centró en el Tribunal Supremo Electoral, sino en la actuación del poder judicial, acusado de influir en la habilitación o exclusión de candidaturas.
La combinación de estos elementos erosionó la credibilidad del proceso, provocando que una parte de la población optara por no acudir a las urnas, a pesar del carácter obligatorio del voto en Bolivia.
Una democracia a prueba
La particularidad de este proceso es que, por primera vez desde el retorno a la democracia, Bolivia se encamina hacia una segunda vuelta electoral. El comportamiento del ausentismo en esa instancia será clave: si disminuye, podría leerse como un intento de la ciudadanía de definir el rumbo político en un momento decisivo; si aumenta, confirmará el distanciamiento entre el electorado y las estructuras políticas.
Más allá de las cifras, el ausentismo refleja también percepciones humanas. Para un sector de votantes, ejercer el derecho al sufragio sigue siendo un acto de compromiso con la democracia. Pero para otros, sobre todo los más jóvenes, el voto aparece más como una obligación legal que como una elección consciente.
Cifras históricas del ausentismo
| Año | Participación | Ausentismo |
| 1985 | 81,70% | 18,30% |
| 1989 | 73,66% | 26,34% |
| 1993 | 72,16% | 27,84% |
| 1997 | 71,36% | 28,64% |
| 2002 | 66,72% | 33,28% |
| 2005 | 84,50% | 15,50% |
| 2009 | 94,54% | 5,46% |
| 2014 | 87,85% | 12,15% |
| 2019 | 88,31% | 11,69% |
| 2020 | 88,42% | 11,58% |
| 2025* | 82,53% | 17,47% |
| *Cómputo oficial al 95,82% de actas procesadas. |
