Eslovenia rompe la neutralidad europea y condena el genocidio en Gaza.
Mientras los principales gobiernos del bloque europeo mantienen su mutismo diplomático frente al infierno en Gaza, Eslovenia, pequeña nación de los Balcanes, decidió marcar la diferencia. Con una postura clara, frontal y coherente, ha prohibido el comercio de armas con Israel, convirtiéndose en el primer país de Europa en asumir una medida de esta magnitud frente a la masacre del pueblo palestino.
La decisión fue anunciada por el gobierno del primer ministro Robert Golob el pasado jueves. Mediante un comunicado oficial, se informó la suspensión inmediata de toda exportación, importación y tránsito de armas y material militar entre Eslovenia e Israel. La medida, que incluye también el uso del territorio esloveno como ruta logística, no deja espacio a interpretaciones. Se trata de un corte total de vínculos bélicos con Tel Aviv.
La razón, según el documento, no es otra que la gravedad de la situación humanitaria en Gaza. En palabras textuales, el gobierno considera “vergonzoso” el accionar de Israel, que bloquea sistemáticamente la ayuda humanitaria y condena a la población civil a la muerte por hambre, sed o abandono médico. “Lo que ocurre en Gaza es una violación integral de los principios más básicos del Derecho Internacional”, señala la declaración.
El mensaje es contundente: si la Unión Europea continúa rehuyendo a una posición unificada y firme, Eslovenia no esperará. Actuará por cuenta propia, en defensa de los derechos humanos y de los valores que dice representar. Así lo explicó Golob al indicar que “todo Estado con principios debe actuar, incluso si los demás prefieren mirar hacia otro lado”.
Desde el inicio de la ofensiva israelí sobre Gaza, más de 60.000 personas han perdido la vida, según datos difundidos por organismos internacionales. La mayoría de las víctimas son civiles, incluyendo una alarmante cifra de niños. A esto se suma la destrucción de hospitales, escuelas y centros de distribución de alimentos. En ese contexto, Eslovenia ha optado por dejar de ser cómplice.
El jueves, el Ministerio de Asuntos Exteriores convocó a la embajadora de Israel en Ljubljana, Ruth Cohen-Dar, para expresarle de manera oficial el rechazo del gobierno esloveno ante los crímenes cometidos en Gaza. En la reunión se exigió el cese inmediato de la ofensiva, la reapertura de los corredores humanitarios y el fin del uso de la hambruna como arma de guerra.
No es la primera vez que Eslovenia asume una postura firme frente al régimen israelí. El mes pasado, el país vetó la entrada de los ministros Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich, responsables de discursos cargados de odio y llamados abiertos a la limpieza étnica. Esta sanción diplomática fue interpretada como un mensaje directo contra la ultraderecha israelí.
Además, en 2024, Eslovenia reconoció formalmente al Estado de Palestina, sumándose a un bloque diplomático encabezado por Irlanda, Noruega y España. Ese gesto, aplaudido por el mundo árabe, fue el preludio de lo que hoy se ha convertido en una política exterior coherente y comprometida con la causa palestina.
La comunidad internacional ha reaccionado con cautela, pero diversas organizaciones defensoras de los derechos humanos y activistas por la paz celebraron la decisión. “Es una luz en medio de tanta oscuridad”, expresó Sara Jeras, portavoz de la Plataforma eslovena por Palestina. “Nuestro gobierno está dando un ejemplo moral que muchos países más poderosos deberían seguir”.
Mientras tanto, en los pasillos de Bruselas, la incomodidad crece. Eslovenia, uno de los socios más jóvenes de la UE, ha dejado al descubierto la doble moral de muchos de sus miembros. Países que condenan las guerras en otras regiones, pero que se niegan a calificar como “genocidio” lo que ocurre a diario en Gaza. Países que hablan de derechos humanos, pero siguen vendiendo armas a Tel Aviv.
Eslovenia ha roto esa lógica. Ha decidido actuar, no solo hablar. En un momento en el que los principios parecen estar subordinados a los intereses geoestratégicos, su gobierno ha optado por alinear su política exterior con los valores que promulga en sus discursos.
Aunque su peso militar y económico no se compare con el de Francia, Alemania o Italia, su coraje moral es hoy infinitamente superior. En la arena internacional, muchas veces las decisiones pequeñas generan grandes consecuencias. Y la postura de Eslovenia podría abrir una grieta en el muro de indiferencia que protege al régimen israelí en Europa.
