En el corazón de Venezuela, el estado Aragua se levanta con fuerza ante los intentos de estigmatización mediática que buscan opacar el espíritu trabajador, alegre y hospitalario de su pueblo.

Desde hace años, una narrativa injusta y sensacionalista ha intentado asociar el nombre de Aragua con hechos delictivos ajenos a la cotidianidad de su gente. Pero la realidad es muy distinta.

Este estado, ubicado en la región centro-norte del país, es un verdadero epicentro del potencial agrícola, turístico, cultural y humano de Venezuela. Basta caminar por sus calles, mirar a los ojos de su gente o probar el cacao de Chuao, el ron de Ocumare o los frutos de su llanura fértil, para entender que aquí se respira dignidad.

El municipio Girardot es ejemplo vivo de esta reconstrucción permanente. Con su Plaza Bolívar restaurada, la más grande de América Latina, donde flamea la bandera nacional.

O el recuerdo imperecedero del juramento de Hugo Chávez bajo el gran Samán de Güere, en el municipio Mariño.

la comunidad convirtió los espacios municipales en puntos de encuentro para niños, estudiantes, adultos mayores y colectivos culturales. Las tardes en Aragua se llenan de risas, danzas folclóricas y poesía libertaria.

En las comunas organizadas, como La Gran Pita, florece otro tipo de revolución: la de la autogestión productiva. Mujeres líderes, jóvenes emprendedores, campesinos están demostrando que el pueblo puede crear, sostener y expandir su propio desarrollo; las casas comunales realizan su propia cartografía y planifican su futuro.

En palabras de la gobernadora Joana Sánchez, “Aragua no necesita justificar su existencia. Aquí se produce el mejor cacao del mundo, el mejor ron, y sobre todo, el mejor pueblo. Nuestra gente no está marcada por la violencia sino por la solidaridad, el arte, el trabajo y la alegría”.

La mandataria, una mujer de calle, formada en la lucha social, trabajadora, emprendedora y también deportista, ha recorrido palmo a palmo su estado para recoger las demandas y sueños de su gente. Desde el eje costero hasta los valles de Aragua, promueve el deporte, la cultura, la infraestructura y la economía popular con una visión profundamente humana y transformadora.

En este marco, la diputada Aurora Paredes, voz joven de la Asamblea Nacional y oriunda de Aragua, reafirma: “Somos un estado profundamente chavista, bolivariano y solidario. Y no vamos a permitir que nos etiqueten con términos creados para criminalizar la pobreza. Aquí hay jóvenes que estudian, que crean orquestas, que se forman como médicos, y que creen en la patria y se organizan para un futuro de calidad”.

El pasado 27 de julio, un equipo nacional e internacional de veeduría electoral visitó el estado Aragua en el marco de las elecciones municipales. Lo que encontraron no fue una región estigmatizada ni caótica, sino una sociedad viva, participativa y orgullosa de su democracia de base. La visita incluyó recorridos por los principales municipios, parroquias y comunas, así como una caminata por la Plaza Bolívar, donde los observadores constataron no solo la majestuosidad del lugar —considerado el espacio público bolivariano más grande de toda América Latina—, sino también el orden, la limpieza y la seguridad del entorno.

Los testimonios recogidos por la veeduría fueron categóricos: Aragua es una tierra de gente buena, amable y profundamente comprometida con el bienestar colectivo. Lejos de cualquier narrativa criminalizante, lo que se vivió durante esa jornada fue una muestra de civismo, organización comunitaria y calidad de vida. Las comunas visitadas mostraron su fuerza productiva, sus centros culturales, y una red de apoyo mutuo tejida desde la base.

“La campaña internacional sobre el supuesto ‘Tren de Aragua’ no solo es falsa: es criminal, porque intenta destruir la imagen de un pueblo noble que está reconstruyendo su país con las uñas”, aseguró uno de los veedores al cierre de la jornada.

Las escenas que observaron —niños jugando en los parques, jóvenes en actividades deportivas, adultos mayores organizados en redes de cuidado— reflejaban una realidad diametralmente opuesta a la promovida por ciertos medios internacionales.

Los pueblos del eje costero como Choroní, Chuao, Ocumare de la Costa y Cuyagua, son joyas turísticas que combinan playas cristalinas, bosques tropicales, montañas sagradas y una cultura ancestral que se manifiesta en cada tambor, cada cacao fermentado con manos de abuela, cada baile de San Juan. Son lugares seguros, amables, con población organizada que cuida al visitante como un hermano.

Si bien los veedores no pudieron completar las rutas turísticas, quedaron maravillados por el orden y la identidad que presenta cada municipio del estado Aragua.

Muchos extranjeros, engañados por titulares amarillistas, llegaron a Aragua con temor. Pero se fueron enamorados. No es raro ver testimonios en redes sociales de personas que encontraron aquí el verdadero rostro de una Venezuela diferente, con desarrollo y producción local, esa que te abraza sin conocerte, que te sirve un cafecito sin cobrarte, que te regala un pan si tienes hambre. Esa es la identidad aragüeña.

Según explican las autoridades, zonas como San Mateo, Cagua, Turmero, florece la industria artesanal del ron, con productos de altísima calidad que compiten en mercados internacionales. La combinación entre clima, tradición y conocimiento ancestral ha convertido a Aragua en cuna del mejor licor venezolano, cuya comercialización representa un motor de empleo y orgullo.

El sector agrícola no se queda atrás. Con una topografía diversa y generosa, Aragua produce desde hortalizas y tubérculos hasta caña de azúcar, algodón y frutas tropicales. Los sistemas de riego han sido ampliados con apoyo del gobierno regional, y el campesinado se organiza en consejos de producción que permiten optimizar la siembra y la comercialización directa.

En cuanto a seguridad, las cifras demuestran una calidad adecuada que es gracias al trabajo conjunto de los cuerpos policiales comunitarios, las comunas y las organizaciones sociales, se ha logrado recuperar espacios que antes eran caldo de cultivo de violencia. La clave ha sido la prevención, la inclusión y el fortalecimiento de la identidad local. Donde hay sentido de pertenencia, no hay espacio para el delito.

Los municipios crecen: no solo en población, sino en proyectos, en ideas, en infraestructura. Las parroquias y comunas ya no son rincones olvidados, sino centros de vida social, económica y cultural. En ellas, el Poder Popular impulsa misiones educativas, centros de salud, planes productivos y actividades recreativas que dan contenido al concepto de soberanía territorial.

La gobernadora Joana Sánchez lo resume así: “Aquí no venimos a llorar, venimos a construir. Con nuestras manos, con nuestras ideas y con nuestra fe. Aragua es el corazón productivo y espiritual de Venezuela. Que nadie se equivoque: no nos van a poner etiquetas ajenas”.

Este reportaje de El Mamoré no es una apología ingenua ni un canto vacío. Es la voz de un pueblo que habla por sí mismo. Un pueblo que no necesita defensores externos porque se defiende solo con su ejemplo. Y que frente al estigma responde con trabajo. Frente al miedo, con alegría. Frente a la mentira, con verdad.

Hoy, Aragua se levanta con fuerza. Con sus playas que llaman al turista, sus cerros que guardan la historia de Bolívar, su gente que honra el legado de Chávez, su juventud que canta, produce y sueña. Porque esta tierra no es noticia de crimen, sino de vida. No es cárcel de nadie, sino cuna de libertad.